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  • : Las Razones del Diablo
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  • : Cosas que nos pasan todos los días. Cosas que creemos no son historia, pero lo son.
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14 marzo 2015 6 14 /03 /marzo /2015 02:10
Estar dónde no debe de estar

Aquel tipo, de ciento veinte kilos al menos, se ha sentado enfrente mía. Lleva una camisa de cuadros, enorme. ¿Dónde venderán esas camisas? ¿En qué remota planta de qué remotos almacenes, de qué remoto polígono industrial venderán esas camisas tan grandes, con tanta cantidad de tela? Apenas cabe en la silla de metal, de esas que no pesan y que ponen en esas terrazas tímidas en medio de desiertos. Aquel tipo apenas puede respirar. Desde donde estoy oigo su estertor. Su cara alargada y gorda no tiene barbilla, sólo una papada abultada que entronca directamente con su cuerpo. Aquel tipo tiene tics. Su brazo izquierdo está como rígido y constantemente mueve su codo hacia fuera como imitando el aleteo de una gallina con sus alas atrofiadas. Aquel tipo también hace un ruido extraño al respirar. Además de los estertores, su boca adquiere una extraña mueca cada dos por tres, como si tuviera que tirar de un muelle que se comprime dentro de ella. Está rígido en la silla, sus alas atrofiadas, su mueca y estertores, sus al menos ciento veinte kilos y otro más, tiene tendencia a meterse el dedo en la nariz. Un dedo gordo que escruta dentro de la fosa de sus napias grandes y con forma aguileña, al igual que sus ojos inquietos de pájaro del bosque, . Y mira, desnuda y desea a la camarera rubia de bote. Y la chica se va, y la mira el culo, y ahora viene a traerle algo y mira sus tetas y su entrepierna. Y la mira con descaro, sin ningún recato, como un felino a un pequeño mamífero con el que se quiera alimentar. Esta con otro tipo, más joven, pero que lleva el mismo camino que él, tumbado éste último en la silla, como un vaquero del frío Colorado, después de haber traído mil vacas desde Utah. Hablan por los móviles alternativamente, a voces, ¿cómo no? Eh, joputa, dice, jajaja, cabrón, ¿Ondestas joputa? Jajaja. Será cabrón, le dice a su acompañante. La conversación dura poco. Viene la camarera con dos hamburguesas Super XL. Una especie de platillo volante gordo y rechoncho, enorme. Una nave nodriza extraterrestre de carne lechuga, tomate y mostaza. El animal la parte en dos con el cuchillo y abre sus fauces para tragar aquella media hamburguesa que intenta meter en boca entera. Habla entre risas, mientras mastica, con el otro campeón. Jajaja, será cabrón, dice. Los dos animales devoran hambrientos, miran a la camarera. El más mayor, come, habla por le móvil y no para de hacer sus tics, uno detrás de otro, a veces dos a la vez, a veces tres, Me pone nervioso y no es día para este tipo salvaje porque hay días tristes y melancólicos, y hoy ha sido un día de esos. Dias muerte porque están repletos de cosas que se acaban. Días de agonía, espera silenciosa y tácita con la nada. Sol y cielos azules que terminan, y más allá, brumas y espesas nieblas. Hoy ha sido un día de esos. Días de sentir, en remoto, el dolor de otros, sus pensamientos y sus angustias, sin saber, sin poder hacer nada para remediarlo. Días en los que te encuentras paralizado, agarrotado. Días sin suavidad, de dolor de cabeza, de ojos que pican, días con un grano en la punta de la lengua. Días en que sientes las manos sucias y ves también sucios tus zapatos. Días cansados, días de suspiro, días para mirar la cumbre, pero desde abajo, desde en las sombras de la ladera este, mientras el Sol se pone ya por el oeste, y pronto caerá la noche y tu solo, sin abrigo, sin ganas de bajar, sin fuerzas para subir.
Basta ya de tanto lamento, te dices. Sacudes tu cerebro, como lo haría un perro para secar su cuerpo húmedo. Despabílate coño, te dices, empezamos de nuevo. Echas una ojeada a tu alrededor, tratando de ver las cosas con ojos nuevos, pero tu alma es vieja y el corazón está dolido. Mejor dejar pasar el día, mañana será otro.
Siempre me pillas en estas circunstancias, le digo. A cambio, me sonríe, me mira con tanta serenidad, con sus ojos horadantes y suaves. Paso del bestia que engulle, aquel animal de otro lugar, de otro planeta inferior, y sigo pensando en la muerte, que no es pérdida, sino vacío y ausencia. Lo que no está o está donde no debe de estar.

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10 marzo 2015 2 10 /03 /marzo /2015 00:50
Locura vegetal

Paseo con mi perra. Es ese momento corto que separa el día de la noche. Me adentro por el paraje y voy dejando atrás el ruido de la autovía. Hay un camino de arenilla y piedras que, a medida que se adueña la oscuridad del ambiente, va palideciendo hasta ser de un blanco hiriente. El polvo esta frío y apelmazado. Un camino blanco bordeado de frondosidad oscura. Silencio. Mi perra se ha perdido. Oigo en las veredas a la vegetación, moverse. El culo blanco de un conejo se escabulle entre arbustos bajos. Más lejos, en el otro lado del camino intuyo que otro ruido de hojas y ramas, es mi perra. Sigo andando. Me siento observado. La vegetación me rodea. Los árboles aún tienen sus ramas desnudas y, altas, se curvan sobre mi cabeza. Las oigo hablar, las plantas se comunican entre ellas,. Comienzo a imaginar sus capacidades, sus recursos, susurran sobre mi, van susurrando y se advierten unas a otras. De pronto, recuerdo lo que leí: un virus tiene 250 genes; una bacteria, 3000; un hongo tiene 6000; una mosca,12000; los humanos, 25000, y ¿Por qué las plantas tienen 50000 genes?. He de replantearme mi relación con ellas. ¿Y si enloquecen? Esto me ocurre por estar solo. Miro la elevación, su perfil recortándose sobre el cielo moribundo, pienso en dios, si existe. ¿Qué nos quiere decir? Apareces, menos mal.

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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 20:28
Wateres métricos

¿Sabéis que es lo que acabo haciendo cuando voy a la casa de alguien? Pues sí, siempre acabo yendo al cuarto de baño. Creo que es el mejor lugar para conocer realmente las verdaderas intenciones del personal, su personalidad, sus miserias, lo que trata de ocultar
Últimamente, lo malo, es que siempre que vas de visita, el baño se convierte en una especie de espacio de exposición de un establecimiento de saneamientos y cocinas. Limpiado, desinfectado, abrillantado a fondo, parece que es la pieza menos usada de aquella casa. Toallas impolutas, plegadas simétricamente, bañeras que parecen de porcelana acristalada, la cadenita del tapón del desagüe colgando, formando esa curvatura tan perfecta. Jabones sin estrenar, botes y botellitas, lustradas como las de alcohol de un local nocturno tras la barra, desodorantes, geles, crema de manos, de cara, de pies,. Todo ordenado, como una foto de familia, como una foto de fin de curso, los más bajitos delante, los más altos detrás. Abro los armarios, sin hacer ruido. Lo mismo, todo colocado como con una cinta métrica. Los cepillos en su vaso, formando un ramo, las pastas de dientes, perfectamente apretadas desde la base, las colonias, cacao para los labios, gotitas para los ojos, cepillos, peines, hilo dental, a veces una caja de aspirinas. Ni rastro de seres humanos. Meo, la muevo para que salten unas gotitas fuera de la taza, siento verdadero placer en desvirgar aquella perfecta virginidad íntima. Me lavo las manos. Estreno el jabón, que no limpio bajo el grifo, por lo tanto quedan rastros en él de haberlo frotado con mis manos. Abro fuerte el grifo, así me aseguro de que las gotas rebotan cuando me las aclaro. Las gotas manchan la loza del lavabo, quedan chorreando hacia el desagüe. Agarro la toalla y me encanta arrugarla cuando me seco. Cuarto de baño desvirgado. A veces me entran ganas de ducharme, sería ya la hostia, pero es difícil encontrar una excusa para hacerlo. Salgo, sonrío, me sonríen y pienso, ¿por qué cojones me has invitado a tu casa si nada me quieres mostrar monigote?

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26 febrero 2015 4 26 /02 /febrero /2015 21:30



Todos vivían felices bajo el amparo del Estado., una sombra gorda y fresca en medio del páramo quemado por el Sol. Tan tupida era aquella oscuridad que si salías de ella, acababas quemado antes de llegar a ningún sitio.
A la sombra del estado ocurrían muchas cosas, tantas que era imposible que ninguna de ellas tuviera historia. Por lo tanto, la inmediatez era la única opción para poder sobrevivir.
Como no había historia también el tiempo había desaparecido porque ya no intervenía en nada.
El tiempo ya no envejecía a las personas, las heridas tampoco necesitaban tiempo para cicatrizar, el amor era muy fácil de obtener y no llevaba ningún tiempo conseguirlo, los hombres y las mujeres ya no maduraban con el tiempo, pues las decisiones se tomaban con apoyo de máquinas medidoras de todo tipo de probabilidades, y el resto era entretenimiento.
La inmediatez se había adueñado de la cotidianidad con la misma sonrisa grotesca de un personaje malvado de dibujos animados. A cambio el Estado había exterminado la incertidumbre. Siempre se sabía que iba a pasar. Si no se sabía, nunca pasaba nada fuera de lo común.
Nada asombraba, las grandes ideas se habían agotado. Los que podían trabajar hacían mil cabriolas para intentar convencer a sus superiores de que eran útiles. Pero las metodologías los iban dejando sin responsabilidades puesto que no existían los imprevistos. Acababan engrosando la larga lista de los sostenidos por el Estado.
Eso significaba control, mucho control y una disponibilidad absoluta ante los requerimientos de la gran maquinaría estatal.
Era la época dorada de los ejecutores, de los tecleadores y los "junta-puzzles", de los mezcladores digitales de oportunidades de negocio. Así, y gracias a estos últimos, era posible hacer grandes fortunas en un sólo día previendo conductas de consumo de impulso según factores predictivos de veinticuatro horas.
El arte dormía esperando otros tiempos, protegido por el polvo. Belleza fue una palabra que se dejó de usar. Nada era bello, a lo sumo atractivo, lo suficiente como para desencadenar conductas y reacciones.
Pero una minoría aún se hacía preguntas sobre las que no quería oír respuestas. Esa minoría comenzó a tener miedo y ninguno de aquello que la componía recordaba en qué momento concreto comenzó a camuflarse para pasar desapercibido. La minoría, empujada por las mismas dudas y deseos comenzó a encontrarse y a identificarse en lugares que les atraían. Pensaban y divagaban, dedicaban tiempo a ello, contaban historias verídicas o inventaban otras nuevas, hacían suposiciones, se aventuraban por los senderos tortuosos de la divagación y se reían unos con otros, mirándose a los ojos y no a una pantalla grande o pequeña.
Como fueron siendo muchos aunque procuraban no hacer ruido el Estado comenzó a notar sus movimientos y aquello le puso nervioso, tanto que decidió buscar el modo de acabar con ellos y con todo aquello que les nutría.

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24 febrero 2015 2 24 /02 /febrero /2015 23:00

Mejor alejarse de mí en los días oscuros, en los negros. Mi cerebro cambia, lo siento duro, como una cáscara de nuez. Me quedo solo, el destino me deja solo, o será que algún halo despido que aleja a mis semejantes de mí. Pobre de aquel que ose a estar junto a mi en los días negros, pobre de aquel que intente superar esa especie de escudo de azufre que rodea mi cuerpo. Doy patadas, y coces, lanzo relámpagos, destellos mortales, palabras y frases mordaces, a diestro y siniestro, sin importarme las brechas y las heridas. Y lo más sorprendente es que soy consciente de ello y, por instantes, abrazaría, arroparía, ampararía a mi maltratado, y le pediría mil perdones, y así se lo suplicaría hincando rodilla en tierra. Pero, heme aquí que, ese ser maligno que se apodera de mí me impide optar por ese tipo de acciones, manteniéndome erguido y orgulloso, duro como un puto trozo de profundo cuarzo. En fin, días negros, que cómo mejor me encuentro es en silencio, sintiéndome solo, a veces sin querer estarlo, amargado, corroído, como un jodido trozo de trapo viejo, duro y rasposo, inservible, sin nutrientes, solo destilando ácidos y humores herrumbrosos. Ese soy yo, o una parte de yo, la parte que no controlo y que lamento que alguien pueda llegar a conocer.

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24 febrero 2015 2 24 /02 /febrero /2015 00:13

Y allí estaba yo, con tres generaciones sentimentales a mi alrededor. No era consciente de ello hasta que alguien me lo hizo notar. La una tuve un hijo, con otra, la relación más larga de mi vida y mi amante, que a su vez tiene su pareja, que también estaba allí, y que sospecho que sospecha ¿Un lío? No, la vida. Un harén de sentimientos, del cual, el único preso es, en realidad, el moro, el árabe, el sultán. Bendito mundo árabe o islámico o cualquiera que sea la denominación religiosa de ese universo lejano que únicamente identifico con espadas cortas, estrechas en el mango y anchas en la punta y con medias lunas y con gorretes con borla y con caballos blancos engalanados.
Tres mujeres, tres vidas, tres pasiones. Tres formas de vivir, de pensar, de compartir, tan diferentes, todas unidas.
Sinvergüenza, descarado, joder que follón, ¡que tipo!, ¡será cabrón!, el colmo de la indecencia, que caradura.
Yo no sé que pensar de todas mis relaciones, apenas si tengo malos recuerdos. Así, sobre la marcha, diré que solo de dos. El resto son historias que ocurrieron en un punto exacto de una intersección del tiempo y del espacio y cada vez que nos movemos, y no paramos de hacerlo, ese momento cambia, y es diferente, y surge un nuevo universo que vislumbramos, oteamos, descubrimos y por el que vagamos, y de ahí a otro, y a otro, y a otro que ni siquiera conocemos. Tres féminas en un momento determinado. Tres mujeres que no se qué piensan realmente de mi. Sinvergüenza, ¡coño, que tipo!, dicen. Que caradura, y yo sólo creo que es pura inmadurez, y otras veces pienso que sólo es libertad, y otras egoísmo, y otras incapacidad para pararme y ver crecer los frutales, y los arbustos. Proyectos, eso es lo que me hace disfrutar, los proyectos. Inquieto en la vida, inquieto en los sentimientos, aunque la edad va volviendo la inquietud en pereza y convirtiéndola en sólo un sueño. O será que el tiempo se acaba y que ya no hay espacio para proyectos.
No entiendo porque la gente se aleja, porque cuando algo acaba, van más allá y hacen desaparecer todo rastro de afecto, de cariño. ¿Tan cruel es el amor que aniquila a los sentimientos menores cuando muere? El puto amor, esa mágica palabra inventada, la más grande de todas, reina absoluta, mirando por encima del hombro a otros afectos, a veces mucho más lentos y construidos durante mucho más tiempo.
Una marcial, tacones, oyes sus pisadas, definitivas. Enérgica, como un tren expreso, como un toro de Miura que ha visto el trapo rojo. Con los años, por eso de que nadie cambia sino que se especializa, ha ido ganando en formalidad, y ha colgado de su cara una sonrisa, una expresión falsa de dulzura a la que ha añadido un tono afectado y vehemente. Otra despistada, al menos en apariencia, fría, como la tierra de la que procede, practica, “no me cuentes historias”, al grano. Dulce, paciente, reflexiva, que interioriza, que se traga amarguras y desilusiones, que quiere ser feliz por encima de todo. Otra silenciosa, ojos pequeños y chisposos, que alarga su boca al sonreír hasta límites insospechados hundiendo sus comisuras en los carrillos que han de convertirse en oblicuos para poder albergar la risa, capaz de mantenerse quieta aun sintiendo ganas de hacer movimientos, aunque su mirada la delata, pues son sus ojos los que se mueven, se posan, te rodean o dan la vuelta a marcos y molduras para ver lo que ocultas en habitaciones recónditas. Y más cosas, pasional, liberal, la mujer fille. Fuerza de voluntad asombrosa, y también paciente, con tantas ganas de querer, y de sentirse querida que a veces asfixia. Pero, ¿quién puede dar la espalda a eso del querer?

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25 enero 2015 7 25 /01 /enero /2015 19:14

¿Y que creéis que ocurrió?
Bueno, aquello fue un desastre. Llegamos al recinto de la empresa y después de pasar un sinfín de controles nos vimos dentro de una pecera con un tipo muy bien vestido pero vulgar y tres locas treintañeras de frágil cerebro. El tipo no estaba inquieto en su silla, más bien estaba tirado en ella, la camisa medio salida, como si en vez de un puto trabajo de oficina hubiera estado acarreando ladrillos en una carretilla. Las chicas sí se movían más, permanecían erguidas, pendientes de sus indumentarias y, como hacen todas las chicas de ese estilo, observándose unas a otras, copiando, odiando. I. no fue menos y allí se plantó, con su indumentaria y con ese arrojo pasional que sacaba en esos momentos. Abordaba a los demás, rompía su escudo de intimidad, y no paraba de reír, como si aquella reunión, más que de trabajo fuera un encuentro para contar una anécdota. I. era como un camaleón gigante encima de la mesa. No sabías si te iba a dar con la cola en un giro inesperado o te mostraría su boca llena de finos dientes tras girar su cuello.

I. llevó la batuta. Fue pasando las páginas de la presentación vendiendo la idea, no en forma lineal, sino con grandes aspavientos, buscando en sus receptores aprobación, admiración, un ohhhh, que no mostraron en ningún momento. Yo observaba desde la retaguardia y puedo decir que la idea les gustó e incluso les asombro. Saco está conclusión porque no entablaron diálogo, se dejaban guiar por nuestro criterio, como quien escucha un cuento de final expectante e inesperado. Pero como suele ser habitual en estos ambientes, nadie lo reconoció y en seguida empezaron a emerger las calculadoras, único factor (el dinero) válido hoy en día. Llegó el momento de los costes.

¿Cuánto vale una idea? No recuerdo bien si ofrecieron alguna cantidad por apoderarse de aquella, pero creo que sí. Desde luego debía de ser mucho más pequeña de la que habíamos imaginado pero, pensé, al menos es dinero. Si salimos de aquí sin un pacto, ellos tendrán la idea y sin costarles un duro. Por el contrario, si pactamos, tendrán la idea y encima nosotros algo de dinero o, al menos un compromiso de ellos. Yo pensaba que I., mujer tan perspicaz, habíase dado cuenta del matiz psicológico de los asistentes a la reunión y que, obviamente, entraría gustosamente a regatear el montante de su oferta. Pero he aquí que esta capacidad de observar a los demás y apercibir qué pueden estar pensando o sopesando, no es muy habitual en la especie humana, a pesar del pedazo de materia gris que albergamos en la testa. I. cerró el ordenador portátil, no con violencia, pero sí con determinación, mosqueada, cabreada, ofendida, por la oferta planteada por ellos. La reunión acabó abruptamente, ni siquiera me di cuenta de que se terminaba. Yo, que pensaba que iba a ser larga y fructífera, simplemente me hube de poner en píe, pues todo el mundo parecía hacer lo mismo.

I. que entró derrochando amabilidad y sonrisas, ahora avanzaba por aquel lugar con una cara severa, seria. Avanzaba como la proa de un buque enorme en medio de un puerto deportivo. Estábamos ya en la calle. Miré a I. y sonreí. Por su boca comenzaron a salir insultos y despropósito a cerca de los colegas con los que habíamos estado reunidos. Aquello se había acabado.

A I. le obsesionaba una cosa, que aquellos tipos le robaran la idea. Yo ya le había dicho que era imposible no correr ese riesgo, pero que no se preocupara, que el problema no es que te roben una idea, sino tener otra.
Aquello acabó con un burofax de I. a aquel tipo, casi amenazándole con que se cuidara mucho en poner en practica aquella idea sin su consentimiento.

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18 enero 2015 7 18 /01 /enero /2015 20:12
Apartamento 8

Eso, eso digo, que hasta los pájaros han estado esperando la gran nevada, pero ni por esas. Y yo, como los pájaros, también he estado esperándola. Desde mi cuarto de estudio, volcado en mi trabajo, pero girando cada dos por tres mi cabeza hacia la ventana, entrecerrando los ojos para poder percibir el más tenue copo blanco. Pero no, este clima es monótono, este clima es aburrido. Este clima es de derechas, un tipo bastante tradicional y al que no le gustan las novedades. El tipo se limita a ofrecer mucho calor en verano y mucho frío en invierno, pero nada de agua, para que os deis bien de hostias cuando escasee de manera dramática. Tampoco os doy nieve, que alegra el espíritu. Conformaos con un día brumoso, gris plomizo, de frío cortante. Mirad al cielo imbéciles y anhelar el fenómeno que no llegara.

Al final, como con tantas otras cosas que no ocurren, acabas pasando de ellas. Existen, pero no aparecen. hay opciones, pero nunca tocan, de tal forma que llegas incluso a olvidarte de ellas. Agachas la cabeza, le das la espalda a la hipótesis y sigues con tu rutina.

Quizás deba de volver al relato del apartamento, lo había dejado con esa mujer, I., preparándose para un reunión con una gran empresa española. Y ahí estaba ella, más barroca que nunca. Se presentó en el despacho toda arreglada y pintada para ir a aquel encuentro. Los putos labios rojos rojos, sus labios finos, alargados y rojos, como una línea un poco gruesa pintada de color peligro en perpendicular a la verticalidad de su nariz. Exultante, nerviosa. Recuerdo que iba de tonos lácteos, hasta un abriguito de entretiempo blanco. Yo la miraba y pensaba ¿pero quien puede pensar en comprar un abrigo de entretiempo? Si ya no existen los otoños ni tampoco las primaveras. Había planchado su pelo que no paraba de intentar agarrarse dramáticamente a su craneo como consecuencia de los meneos que ella daba a su cabeza. Se puso tacones, que menos, y allí iba, de un lado a otro, taconeando con pasos decididos, montando una buena jarana para hacer constar que esa mañana tenía algo importante que hacer, y esas caderas arriba y abajo. Pensé que debería de acabar con agujetas, haciendo subir una cacha de su culo un vez y la otra con el siguiente paso. El cuerpo de I. era como un Mecano de anclajes simples, con cada paso se desataba un movimiento y con el siguiente el mismo en el otro hemisferio de su cuerpo. I. era una vaquera, o una patinadora de una gran superficie.

Supongo que yo en ese instante ya pensé que todo iba a ser un fracaso, supongo que debería haberla dicho_: Oye, no vienes, la vas a liar, o: aun hay tiempo, por que no vuelves a casa y te vistes normal, vale con una chaquetita y una falda, azules, en un tono verde, hasta marrón, pero quítate esas tonos aguados, esos tonos blanquecinos, huesos, tétanos de neonatos, dientes de leche, cafés con leche aguados. Arráncate esa línea roja de tu cara, rebaja en un centímetro el maquillaje de tus pómulos y frente, es más, lávala, deja a tus ojos emerger de entra esos hollines negros y pegajosos que los bordean, no te los resaltan, te los empequeñecen porque ya los tienes más bien pequeños. Coño!!!!, se tu, si quieres vender verdad, se verdadera, si quieres dar confianza, muéstrate tal como eres, sin dobleces, sin engaños. Dí, esto es lo que hay, o lo tomas o lo dejas.

Pero no, lejos de reaccionar, la observaba un poco boquiabierto, incapaz de decir nada, quizás con un pequeña sonrisa en mis labios, como asistiendo a un hecho prodigioso e increíble, un hecho inalterable por la naturaleza humana. Una extraña diosa de un extraño Olimpo habíase materializado entre los mortales y una vez superada la atmósfera, pavoneaba sobre la superficie del planeta sus atributos y sus habilidades.

Hay acontecimientos que prevés, es como sentarse frente a un plato de comida mexicana potente y pretender que aquel alimento de colores variados va a ser digestivo para tu estómago. Cuando metes el tenedor en tu boca ya sabes que reacción va a suceder, y aun así la metes, hasta el fondo, con ese afán por hacernos daño con plena conciencia de lo que hacemos. Somos así.

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16 enero 2015 5 16 /01 /enero /2015 01:00
La principita

L., esa mujer en un lío, ese lío que atenaza a esa mujer, ese lío con el que vive, del que anda desenredándose. constantemente L., esa mujer atada que siempre muestra un sonrisa entre sus anclajes, candados y mordazas. L., la mujer del corazón grande y las orejas pequeñas que afirma habérselas agujereado con alfileres, por eso ahora oye tan mal, o quizás no quiera oírlo todo. L., con sus ojos tras cristales que transmiten a veces pena, otras tan alegres, otras te penetran, otras te comentan, otras te desnudan, otras te ocultan, otras piensan, mirándose hacia dentro. L. con sus discursos a saltos, como un crío que jugara en una escalera, ahora salto dos, ahora subo, ahora bajo. L., esa mujer, me recomendó el libro. Con ilustraciones, de letras grandes, para niños, con sus lógicas aplastantes, machaconas, cabezonas, preguntonas. Se lo cuento a un judío gordo, muy gordo, medio ciego, que tiene una novia también ciega, padre de dos niños, amigo. Se ríe asombrado, no lo entiende, y él escribe poesía, siempre de amores, de cuerpos y sudores, de anhelos, sensaciones y sinsabores, frustraciones, deseos, insatisfacciones. MI chico, el de mi libro, con su desparpajo me descubre el mundo que ya conozco, me lo da la vuelta, lo renueva, un aire fresco, el origen, y de todo ello me queda la envidia hacia la maravilla de la inocencia virgen y el ansía por saber, pero siempre solo, de planeta en planeta. Gracias.

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6 enero 2015 2 06 /01 /enero /2015 23:35
I. era de esas mujeres con una agenda inquieta. Siempre tenía apuntadas conferencias, exposiciones, conciertos y muestras. Lo cierto que yo no sabía la razón de aquella obsesión por la cultura, pues aseguro que su interés real por ese mundo era escaso, y dudo que dispusiera de la sensibilidad suficiente para mostrar interés por él en algún momento. En realidad, a I. lo que le interesaba era el dinero. Lo que quisiera hacer con él tampoco lo sé, pues nunca fui capaz de detectar afición, interés, predilección o sueños en torno a ningún tema, si exceptuamos su obsesión por sí misma, por su apariencia y el impacto que causaba entre los demás.
Pero sí, en realidad, lo que le interesaba era el dinero. Soñaba con grandes operaciones, con golpes de fortuna, con contratos grandes repleto de ceros. Quería jugar en las ligas grandes, era como una especie de certeza, como si ella, y sólo ella, supiera que había nacido para ese nivel de negocios entre grandes y además, siempre se lo envidié, no sentía vergüenza alguna. Se apuntaba a conferencias y encuentros de mujeres empresarias, pertenecía a un par de clubs de este tipo. Yo la observaba, la escuchaba, la aconsejaba, aunque supiera de antemano, que este tipo de encuentros y foros no son efectivos, sino meros caminos trazados por alguien o algunos, para intentar crear masas críticas con las que sacar dineros públicos, subvenciones, ayudas y vaya usted a saber qué. Normalmente giraban en torno a una figura o dos, mujeres empresarias o innovadoras que habían triunfado y que daban charlas y conferencias de estímulo, pero sin concreción ni contenido alguno, más allá de los grandes decorados de cartón piedra. Supongo que era un ejercicio de auto ego,
Aún así, yo deseaba aprovechar aquel empuje de ella, esa capacidad de: esta soy yo, sin complejos. Así que ideamos un proyecto, a mi entender, bastante bueno y con posibilidades de interesar a una gran empresa. Lo pulimos y yo hice un par de llamadas a un buen amigo mío, alto directivo de esa gran empresa. El tipo me dio un contacto, a quien llamó para anunciarle mi llamada y así lo hice. El nuevo contacto, de mucha menos categoría que mi amigo, tenía poder en aquella organización, al menos en el área en la que a mi me interesaba incidir, y conseguimos que nos diera una cita para que le pudiéramos presentar nuestro proyecto
.
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