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  • : Las Razones del Diablo
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  • : Cosas que nos pasan todos los días. Cosas que creemos no son historia, pero lo son.
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26 agosto 2011 5 26 /08 /agosto /2011 14:29

Antes de la tormenta Chinchón 21 08 2011Un pasmarote se dice que alguien que se queda embobado o pasmado por una pequeña cosa. Tu te levantas, yo sigo en la cama. Te has levantado con ese aire que tienes cuando no estás donde estás, sino dónde te ha llevado tu cabeza y dentro de ella, allá dónde te han llevado tus pensamientos. Me das la espalda y miras al horizonte, pero sé que miras mucho más cerca, tan cerca como tu propia testa, y desde a cama te digo: ¿Qué haces ahí, cómo un pasmarote? Me levanto, me miras airada y me respondes: tu sí que eres un pasmarote. No se porque te ha ofendido tanto el término pasmarote, pues no tenía en mi imaginario que fuera término tan ofensivo o vejatorio. Miro en el diccionarío su significado, y sí, coincide con el concepto que tenía de él: persona embobada o pasmada con pequeñas cosas. Ahora que conozco su significado, ahora que tu debes correr cruzando Castilla hacia tu casa, me doy cuenta de que sí, de que soy un pasmarote. Anoche me quedé pasmado viendo el mueble restaurado en la cocina, también me quedé pasmado viéndote quitar cachivaches, metiéndolos en una bolsa de plástico, o decidiendo que había que elevar la lámpara que hay sobre la mesa de la cocina. Me quedé como un pasmarote viendo tu impulso mientras jugaba a abandonarme al irreal juego de la conviviencia, una vida en común normal, sencilla, rutinaría, tan infinita como la propia vida, que puede ser larga o corta, en todo caso eterna. Cómo un pasmarote me he quedado también esta mañana, cuando a lo largo del silencioso desayuno he visto cómo tomaba forma en tu voluntad la decisión de irte. En silencio, casí cómo si yo no estuviera aquí contigo. Son ese tipo de decisiones que van ganando peso casi sin querer que fraguen, de esas que muy bien no se saben porque se toman, un impulso, quebradizas y débiles, casi sin sentido, pero que no sabemos porque nos empujan a hacer algo, en tu caso a irte. Ha sido el mismo tipo de decisión que a mí me llevó a Burgos, pero en ese caso todo descansaba sobre tí, sobre el hecho de ver tu cara, tu expresión al verme, tan lejana de lo que esperaba cuando al final me viste. No sé cual ha sido el motivo de tu impulso esta mañana, no sé si visualizabas a otra persona, o quizás a otro entorno tan distinto a éste. Sea lo que sea, sea quien sea, cuanta envidía me da. Me gustaría tener sus habilidades, sus características sus encantos, su tono de voz o su ruido, quizás así sintieras otro impulso y dieras vuelta en la carretera, quizás así llamaras al timbre y viera en tu cara la misma expresión que verán aquellos de allá hacia donde ahora vas. 

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14 abril 2011 4 14 /04 /abril /2011 00:20

Después de mi día de ayer, dedicado al desarrollo social y económico, hoy, siguiendo tus consejos,  he decidido darle un empujón a mi bienestar.  He tomado la decisión a eso de las seis, estaba frente al ordenador abierto, sin saber muy bien qué hacer. Así que me he ido a casa. Hay una ferretería en la esquina de mi calle. He parado y he comprado uno de esos tendederos portátiles. También siguiendo tus consejos, me he decidido por un de 12 euros frente a otro de 43 que, muy bien,  no sé en qué se diferenciaba del que me he llevado. Tampoco el tipo dela tienda lo tenía muy claro. Lo subo corriendo a casa, me lavo la cara, y bajo a Callao, al puto Corte Inglés. Allí subo a la planta de lencería del hogar, donde afortunadamente, hay dependientas que bien podrían ser tu madre, tu abuela o tu tía abuela. Les he rogado que me buscarán un equipo de cama en colores suaves. De 1,50 por 1,80. Ya no hacen de 1,80, todos de 2 metros. Ah, pues vale. Me tratan con dulzura, algo empalagosas, pero se desviven por buscarme lo mejor.  Creo haber elegido uno precioso, casi blanco, con tonos pastel, rayas suaves, una maravilla. También quiero dos almohadas, y ya puesto, me ponga un juego de tollas. La broma casi 300 euros. Salgo con dos bolsones enormes y cruzo Gran Vía pendiente de la cartera en mi culo. Subo entre prostitutas aburridas hacia casa. Ascensor, llaves, puertas y dejo las bolsas apoyadas en la pared del salón. Vuelvo a bajar a comprar detergente, y suavizante, ah, y un litro de leche. La mejor opción el Día. Vuelvo a subir. Por fin me voy a decidir a poner una lavadora. Elijo programa, con cuidado, aprieto botones y la máquina no va. Pienso, pienso, hasta que llego a la conclusión de que igual está la máquina desenchufada. Efectivamente, empieza a rodar. Mientras coloco el nuevo equipo de la cama. Odio meter edredones dentro de la colcha. Al final lo consigo. Está realmente acogedor, mucho mejor, precioso. Dos hermosas almohadas, una de ellas vacía. Me siento en marcha. Algo de música, una ducha, y a poner mi nuevo tendedero que ocupa parte del salón. Acaba la lavadora. Habré de afinar con los programas, la ropa se me antoja un poco húmeda. Todo es cuestión de ir probando.  Tiendo,, veo mi obra, me siento un hombre renovado.

 

Mi casa esta llena de plásticos, de bolsas, de cartones, decido bajar la basura. Vivo en un barrio de gente madura, progre. Barrio de profesionales liberales, matrimonios de cuarenta modernacos, con niños pequeños que gritan igual que en Móstoles o en Alcorcón. Esto está lleno de normas, la gente es amable, educada, abierta, siempre sonríe, parece que la vida va de puta madre,  gente de ideas de izquierdas supongo, me los puedo imaginar en soleadas mañanas de domingo con los niños sobre los hombros en marchas contra la energía nuclear, a favor de causas justas, con palabrejas cómo integración, multiculturalidad, reflexión, espacio multidisciplinar, multirracial, gente de bien, gente que avanza, y que quiere que el mundo avance con el respeto y la tolerancia. Pero hoy he bajado la basura y alguno de estos representantes de la modernidad democrática ha arrancado mi nombre de mi buzón, simplemente porque lo pegue con dymo (me quedó precioso), mi nombre y mi apellido. La norma debe de ser que el nombre hay que meterlo dentro de la chapita de plástico, al igual que están todos los demás, tan ordenaditos y tan monos en este espacio comunal vecinal de convivencia y libertad. Miro mi buzón, sonrío, pienso en mi edredón y se me pasa por la cabeza poner con rotulador de esos que no se borran, sobre el flamante metal, mi nombre, grande, imborrable, perenne, simplemente por dar por el culo al nazi que impone sus normas en nombre del orden y la sana convivencia. Subo a mi casa. Voy derecho al cuarto, está precioso, tal como dijiste. Más comodidad, más bienestar. Me siento en la cama y a mi cabeza viene Edward Hopper.

 

HopperY entiendo porque cada vez me gustan más sus cuadros, pues me siento como sus personajes,  tan terriblemente solo.

 

hopper.hotel-roomY recuerdo sus cuadros y veo en ellos una representación plástica y de colores de la soledad, del hastío de la vida en la gran ciudad, y pienso en los años en que pintó, y en la Gran Depresión del 29, y en la desesperanza que creó.

 

hopper-nighthawksY veo algo de Goya en ellos, y sus hombres y mujeres, sin hablar, mudos, aislados, y los viajantes, siempre de paso, y las habitaciones de hotel, y el silencio, y las casas cerradas, y sin habitar.

 

 edward-hopper-excursion-into-philosophyY pienso en ti, y miro la cama y me quedo mudo, como dentro de un cuadro, muerto y aturdido por un presente sin esperanza, y aún así hay belleza en ellos, la belleza de la soledad, un tema que él convirtió en arte. 

 

Hopper-Sunday

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12 abril 2011 2 12 /04 /abril /2011 17:19

IMG00277-20110412-0945Hay días huecos, y hoy está siendo un de ellos. Hoy es uno de esos días, y me da un poco vergüenza decirlo, que me pagan por vestirme de romano, por patear la ciudad, por subir y bajar de ascensores, por estrechar manos, por sonreír, por acariciar hombros, por dar algún abrazo, y yo añado algún comentario ácido en el momento justo y preciso.  Un par de cafés por la mañana con un croissant de artesanía industrial. Van llegando los invitados, directivos ávidos de beneficios, directivos corrosivos de trajes arrugados, con sus dispositivos, sus tarjetas de identificación colgadas en la cintura, emulando a los agentes secretos, rasurados, guapos y feos, altos y bajitos, gordos y delgados, coche de empresa, manos libres, el móvil pegado a la oreja, sonrisa fácil, no voy yo a ser menos, tarjeta en mano, nunca llevo. Gimnasio por la tarde, menudo sacrificio, la barriguita, algún lío, los nenes, la call conference, la mujer que era monísima pero ahora en casa, estará con las amigas, en el centro comercial, con sus vaqueros blancos, marcando la tanguita, con otro lío con el chico de la piscina. Cruzas dos frases "hoy va a ser otro día de calor", todos cansados, agotados, estresados, vuelos, mañana me voy a….., llámame la semana que viene que regreso de San Francisco, se acaban los temas,  me acerco a dejar mi taza vacía, nadie me mira, no soy sujeto vital, me pierdo. 

 

IMG00278-20110412-1000Me gusta visitar los cuartos de baño de estos lugares de lujo, sobre todo para cerciorarme de que el proceso de estandarización del gusto sigue imparable y que el arte sigue oculto en manos de unos pocos. Nunca hay nadie en los cuartos de baño de estos sitios. Meo, lavo mis manos armoniosamente, acariciándolas, me miro en el espejo, resoplo y vuelta al ruedo. En la sala hay más gente, soy sujeto ya maduro, por lo tanto no me corresponde estar en vanguardia, no lo vigilo todo, sólo los puntos débiles y sensibles, miro de reojo, guiño un ojo, me repliego. Empieza el acto, y en cuanto bajan las luces, escapo a la calle.

 

abril2011 0395Mañana con viento, con tráfico. Ando entre amas de casas, niños pequeños, parados y mendigos. Me meto al metro.  He de ir luego a un almuerzo, son ya las doce, he quedado a la una y media. Doy vueltas inquieto, ya no puedo concentrarme, mejor dejo pasar el tiempo y voy andando al restaurante, dando un paseo.  Recorro la calle, miro escaparates y tiendas nuevas. Me encuentro a uno de los comensales en la puerta, me extraña que me reconozca, pero me reconoce. Habla por móvil, voy subiendo, es el piso 14. Sol y calor en la terraza, un Madrid jadeante y asfixiado. El Tribunal Supremo a mis pies, rodeado de coches oficiales.

 

IMG00282-20110412-1346Viene un tipo que me interesa, he de conseguir algo de él, comentario justo, bromita, halago y compromiso, me sale bien, palmada en la espalda y sonrisa, una copa de cava. Algún chistecito, paseo por la terraza, la corbata balanceándose al viento, me aburro. Camarero solícito, me identifica como el descarriado, o quizás como el pasota, me ofrece algo más de beber, miro mi copa de cava, está vacía, "pues un vinito blanco". Esta fresco, llegan las patatas fritas. Todos tenemos hambre.

 

abril2011 0397Llegan los comensales, de nuevo lo mismo que esta mañana. Empieza el almuerzo, me quedo fuera, cómodamente sentado en un sillón blanco, observo la gente que llega a este denostado sitio, a este lugar setentero, viejas glorias, caballeros que dicen esperar a una señora con problemas para mantenerse erguidos, zapatos lustrosos, dientes postizos, sonrisas con algunos toques de oro.  Todo queda en silencio, todos los grupos dentro de sus salas. Cruza corriendo mi camarero solícito. ¿Usted se queda a comer también, verdad?, me pregunta. No, me voy en cinco minutos. Nadie me echa de menos, están en sus negocios y en sus intereses. Me encanta mi abuelo, una y otra vez vuelve a mi memoria aquella frase suya que tanto practico: si buscas algo, olvídate de ello. Me vuelvo andando, mirando a la gente sentada en restaurantes, sintiéndome a contracorriente, un poco libre dentro de esta prisión, recluso con privilegios. Todos están dónde deben de estar y yo, supongo que también, sin pertenecer a ningún sitio. Aún me queda otra historia a las siete y media, como en los viejos teatros, tres actos.  Ojala, al doblar la esquina me topara contigo. 

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11 abril 2011 1 11 /04 /abril /2011 14:56

IMAG0040Ayer, a las nueve, tuve un momento de paz. Me senté en los escalones laterales de la casa antes de volver a la ciudad. Habían bajado las temperaturas y empezaba a anochecer. Una brisa fresca envolvía el ambiente, bien podría ser una de esas últimas tardes del verano que anuncian el invierno ya inminente. Un silencio sepulcral invadía todo, el horizonte se llenaba de tonos naranjas, rojizos, cobrizos, azules pálidos, amarillos, morados.  Observaba todo aquello con respeto, casi entusiasmado, apabullado ante aquella belleza, apabullado ante una manifestación superior. Un momento mágico de compresión, minutos de armonía que no me atrevía a romper. Estático, quieto, bastaba con observar para entender, para intuir, para ver, incluso para creer. Me invadió una profunda nostalgia, una especie de tristeza latente, pero con la que me sentía reconfortado. Por fin un momento, por fin ese lugar en el que encuentras tu sitio.  Esperé un buen rato hasta que apenas había ya luz en el horizonte sintiéndome solo en el mundo. Entro en casa, ya prácticamente a oscuras. Voy al dormitorio a cerrar el ventanal, sobre el borde derecho del marco de la puerta veo una mancha negra. Me quedo quieto, y mi mala vista me impide distinguir que hay allí. Me acerco con pasos lentos y cortos. La mancha negra se mueve, una parte de ella ha dado un pequeño giro. Con la penumbra que entra veo el ojo negro, brillante e inquieto de la golondrina. No es la primera vez que se me meten en casa, pero sí es la primera vez que las veo este año. Me mira sin inquietud, como si me reconociera. Yo también la reconozco a ella, o quizás sea a él. Cómo un tonto la saludo --ya habéis llegado digo--, el pájaro canta y se pone a revolotear por la habitación. Abro la persiana y totalmente la puerta. Sale como un suspiro y sonrío. Por la pequeña carretera que baja a la ciudad pienso en todo esto, y el momento mágico, poco a poco, como un azucarillo, va perdiendo fuerza y se convierte de sensación en grato recuerdo. Doy mi intermitente y dócilmente me incorporo a la autovía

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10 abril 2011 7 10 /04 /abril /2011 17:58

abril2011 3726Por fin de vuelta a casa. Vuelvo y siento unas ganas enorme de llegar. La verdad que me harta Madrid, y a pesar de la comodidad de estar en la ciudad ni de lejos tengo las sensaciones que tengo aquí. Me gusta esto, me gusta esta casa y, simplemente, te echo de menos. Pongo lavadoras, continuo eliminando montones de cosas inútiles, tan inútiles que ni siquiera siento nada al arrojarlas a la bolsa de la basura. Cambio la ropa de la cama, veo tus pañuelos en la mesilla y los dejo allí.

 

abril2011 3728Bajo corriendo al taller, y allí están los muebles, parados en el tiempo estáticos, ajenos a todo, esperando. Tus diseños también. Los miro, recuerdo el momento. Aquella mañana de Sol radiante, tu te fuiste a hacer la compra, yo me quedé lijando el mueble  grande. Hoy he seguido con él, ya sólo queda el frontal y los cajones. Ya he conseguido quitar los agarradores, son realmente feos. Creo que las varillas doradas de los cajones son de metal, tratare de arrancarlas con cuidado. Me acuerdo de ti, de los blancos que son los champiñones. Encuentro dos cigarros liados en un cajón, aquí los tienes. Los miro y no sonrío, sólo siento angustia y tristeza.  Se levanta viento y mueve la hierba, los hierbajos y las primeras hojitas de los árboles. Hago ensalada, uso tus pepinos, tus setas, las cebollas, tu cuchillo amarillo. Cambio el equipo de música de sitio, agrupo los libros de arte. 

 

abril2011 3729El crio no viene conmigo. Se queda con sus amigos. El sábado voy a por él al partido y se vuelve el domingo al mediodía. No pasa nada porque adoro las rutinas de no hacer nada. No suena el móvil, no llegan mensajes a pesar de que espero uno. No se cómo estás tú, no se qué sientes, ni tampoco qué haces. Sea lo que sea, simplemente, te espero. Salgo a la terraza, observo el mejor lugar para tomar el Sol en primavera y en otoño, el que dijiste. Visualizo allí la tumbona, a ti sobre ella, con esas arquitecturas que improvisas, con tus campamentos nómadas hechos con los que encuentras alrededor y yo observándote maravillado. Simplemente espero que no te olvides de todo ello, simplemente, te echo de menos.Y también echaré de menos esto en cuanto me vaya. Volveré entre semana.   

 

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7 abril 2011 4 07 /04 /abril /2011 23:46


IMAG0024Hoy he conocido a un tipo. En mi trabajo conozco a muchos, y unos me llaman la atención más que otros. Hay reuniones más creativas que otras y ahora, las necesito creativas, es una especie de droga en vena que me permite sedarme y olvidar la pesadumbre que me embarga.

 

El tipo tiene en torno a 32-34 años, estatura mediana, en torno a un metro setenta y pocos centímetros, rellenito, desde lejos parece mayor de lo que es en realidad, porque su pelo y su barba le ocultan su cara. Una buena mata de pelo oscuro, sin peinar, una barba tupida, enorme, como la de un gigante de cuento infantil. El tipo es músico y quiere que le ayude en el lanzamiento de un disco. Pero el disco es mucho más que un disco, "algunos dicen que es un proyecto erótico-místico-bizarro-y-ambulante" dice textual un folio que me entrega.  Le escucho, no sabe por donde empezar. Tomo un té verde, el pide una cerveza. Sus ojos son chisposos. Más de cerca descubro su cara de niño. Si le quitamos la barba, le cortamos el pelo y le despojamos de los vaqueros y la camisa a cuadros, si le ponemos unos chinos y una camisa de marca, bien podría pasar por un meteórico joven consultor en un rato de ocio, y en vez de conmigo debería de estar con una Barbie de 24. 

 

Nunca he trabajado en la presentación de un disco. Según él, su música es una combinación de 16 estilos de música, desde el ciberchansón, hasta el road song´s pasando por tarantela, fanfarria o swing. Ni idea le digo, yo escucho a Ben Harper y a Lou Reed, y Radiohead me encanta (a propósito estoy escuchando Paris Sunrise 7 mientras escribo esto). El tipo sigue hablando. Quieren lanzar un disco que se ha grabado en Liverpool, en Rivas y en Madrid. No se que tiene que ver Rivas con Liverpool, pero así es, El tipo ha montado una especie de espectáculo en torno a su música (él es el solista), dónde aparece un personaje que se lama, Fulanito de tal Le Voyeur.

 

El canta y al lado de él salen dos chavalas "imponentes", en un espectáculo con escenografía de cabaret, dónde aparece este personaje, el voyeur. Son las reacciones del voyeur las que van modificando y guiando el concierto de estos colegas. En palabras de mi interlocutor: "el espectáculo objetiva la música y puntualiza el ritmo de todo, hay que huir de la colectivización y llegar al individuo. Cada concierto es diferente".

 

Ah, oye y esto de bizarro, le pregunto, ¿en que sentido?. Bizarro en sentido de transgresión agresiva, de lo que se trata es de romper las barreras musicales, responde.

 

Vale.

 

El tipo no me desagrada. Al hablar lo hace con decisión. Está seguro de lo que dice, lo expone con rabia, convencido de que tiene su hueco en el mercado. El director de lanzamientos de FNAC le comentó que le alegraba conocerle porque no había nadie que hiciera música voyeur en España. Si no le entiendo mal, este tipo de música la hacen Tom Waits en USA, y Vinicio y Copposela en Italia y Francia. Hay alguna canción de su disco en cuya letra ha participado Javier Crae. El proyecto lo respalda el Hotel Kafka, que me entero es una especie de centro cultural, posada para artistas, literatos, poetas, ensayistas, aquí, al lado de mi casa, en la calle Hortaleza. También le apoya FNAC, FESTIMAD y un par de periodistas ilustres de música de El País, Mundo, etcétera.

 

Oye, ¿y esto de Hotel? El me mira, me sonríe, bueno, es un grupo de gente que han querido hacer un hotel para artistas, pero sin habitación para dormir. Jaja, la idea es original. Por ahí va  Javier Marías de vez en cuando a dar alguno de sus cursos de literatura, me dice, algún filósofo y sociólogo, etcétera, él es coordinador musical.

 

"Lo que tenemos que encontrar es un hilo conductor para todo esto. Hay que conseguir hacer participe al público", me dice. 

 

Sigue hablando y yo pienso qué tiene que ver lo de bizarro y ambulante con lo de voyeur. La idea de voyeur se repite en mi cabeza. Oye, ¿y esto de voyeur? Entiendo que de alguna manera…….--Sí--, me corta, --el voyeurismo no es una enfermedad mental--. Me quedo pasmado. ¿enfermedad mental?

 

Todos hemos sido voyeurs, es más, todos los somos--, le digo. Me señala con el dedo exaltado, --eso es, todos somos voyeuristas--. 

 

Sí, le reafirmo, todos hemos mirado a parejas en la playa a los 14 años, forma parte de la naturaleza humana, sin embargo tiene algunas connotaciones negativas, incluso no se si alguna vez ha sido un delito. Nadie pone peros a la prostitución, seas cliente o profesional, pero lo del voyeur, como que está mal visto.

 

Exacto, exacto, eso es. Dice. Ok, entonces centrémonos, le digo, olvidémonos de la bizarría y centrémonos en el voyeurismo. El Voyeur no es más que una persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas. Lo que hemos de encontrar es un gancho, le comento. Estamos en un local retrogrado total, de esos anclados en los setenta, de cristaleras y cromados dorados, un público maduro, ridículamente elegante. He de bajar al cuarto de baño. El mira su teléfono móvil. Voy a mear, y mientras lo hago pienso, la idea esta ahí, casi la tengo, la cuestión es ¿Cómo engancharla a la cotidianeidad?

 

En el cuarto de baño hay un tipo de unos cincuenta y tantos, alto, trajeado, de esos que sacan el culo para sacársela antes de mear, suspira, parece que hace un esfuerzo. Me pongo a su lado, creo que mira hacia mi entrepierna por encima del separador de cerámica que aísla un meadero de otro. Un voyeur, no lo se. Meo, me lavo las manos temiendo alguna reacción de aquel tío que sigue meando.

 

Vuelvo, él me espera excitado. Ya lo tengo, le digo. Me mira expectante y con cierta pose de reflexión, te escucho, me dice.

 

IMAG0031OK, lo que hay que mostrar es que todos somos voyeurs, lo que hay que conseguir es  hacerse sentir a la gente voyeurs, el voyeur que llevamos dentro. Tu lo que quieres es acabar con la hipocresía social hacia el voyeurismo. Exacto, exacto, me dice excitado. De acuerdo, hay que transmitir que todos somos voyeurs, y además exhibicionistas. Me explico, el voyeur lo siento ligado al siglo XIX, a esas parejas que hacían ligeras manitas en parques públicos, ella con encajes y él correctamente vestido, y con la carabina a cierta distancia permitiendo ciertas licencias. Pero ¿qué ha pasado hoy en día? Mira, anoche llegué a casa. En mi buzón había una carta con mi dirección, portal, piso y letra, pero no era mi nombre. Tampoco era el nombre de la anterior inquilina. Revisé los nombres de todos los buzones de la finca, y tampoco coincidían. Subí la carta, y no pude resistir sentirme en cierta medida propietario de aquella misiva, pues era mi casa habitada por otro hombre. La carta venía remitida de la Santa Pontificia y Real Hermandad del refugio y piedad de Madrid, total nada. Invitaban a susodicho a un viacrucis, al que rogaban llevara a amigos y familia, y se exigía traje negro. Me sonreí y aluciné, pero ni corto ni perezoso me metí en facebook y tecleé su nombre. Allí estaba el tipo, y no sólo el tipo, sino todos sus amigos, y a través de toda la información pública que él libremente había depositado allí, sus comentarios, muros y demás, pude hacerme una idea del personaje y de su dualidad en cuanto a ser miembro de la Hermandad. ¿Voyeurismo por mi parte o exhibicionismo del colega? En definitiva, las redes sociales, las nuevas tecnologías, los perfiles, los twitters, los youtubes, no es que nos hayan hecho voyeurs, es que nos han hecho exhibicionistas, y el exhibicionismo se practica para que te observen. Es lo mismo  que ha hecho Apple, crear un objeto del deseo, una tapa blanca con una manzana mordida, que la gente exhibe y que mucha gente desea, da igual el rendimiento de la máquina.

 

Me mira con los ojos abiertos. --Hostias, eso es, eso es, esa idea me gusta--.

 

--¿Qué nos hace falta?--, le pregunto.

--¿Qué?-- me pregunta a su vez.

 

Un gurú, le digo, alguien que afirme esto, alguien, un filósofo, un teórico, un sociólogo de prestigio que haga estas afirmaciones.

 

Se barajan nombres, R. Marcos, no está lejos; J.A. Marina, no es demasiado moralista.

 

Me he de ir, llego tarde a otro sitio. Oye, le digo , ¿aquí no hay pasta no?

No tenemos un duro, tengo más proyectos, te quería ofrecer una participación.

¿del total?

Sí,

El 15%, le digo.

Vale

Entro.

 

Puedo contar la idea, no me la han comprado. Me he de ir, ha sido un placer conocerte, escribo algo este fin de semana, te lo envío el lunes. Me marcho y me voy. Me pongo mis casos, y de nuevo suena Ben Harper. Black Rain, del álbum Both Sides of the Gun. Le doy vueltas mientras camino a que lo del cabaret no es adecuado en el espectáculo. Sonrío. Pienso en ti. 

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6 abril 2011 3 06 /04 /abril /2011 18:50

IMG00272-20110321-2029Mi trabajo me llevó anoche al Santiago Bernabéu.  No tengo nada contra el fútbol, no sabría que opinar sobre él, ni tampoco sé nada sobre fútbol, carezco de conocimientos y de sensibilidad para analizar este deporte. Lo cierto es que había un ambiente eufórico y agresivo fuera del estadio. Supongo que el fútbol es un buen sucedáneo de las guerras, y a falta de ellas, puede sustituirse el ardor guerrero y el estar dispuesto a dar la vida por una bandera del club. El evento acabó allá sobre las once con triunfo de la afición local, borrachera de satisfacción, que dura poco porque enseguida viene el siguiente reto. Yo también iba algo mareado. Te tratan bien en esto del fútbol. Dos copas de vino, una coca light, jamón serrano, empanada casera, croquetas y pastelitos de postre. Busco un taxi con una vieja amiga. De mi edad, un tanto desgastada, la mujer madura que sigue vistiendo como treintañera. Tiene cuerpo para ello, se mata a hacer deporte, a jugar a paddle. Tiene una carcasa que, cómo persona,  la sitúa en una tangente opuesta a mi, pero hay algo que nos une cada vez que nos vemos. Es cómo si nos pasáramos mensajes cifrados y en clave, escuetos, casi definiciones, en medio de temas intranscendentes , y con el objetivo de mantenernos al día el uno sobre el otro, pero cómo sin querer evidenciarlo. Me entero de que su madre se ha caído, que ha estado dos meses hospitalizada, que ha adelgazado y que se la va a llevar a la playa esta Semana Santa para tratar de recuperarla, pero también de que no ha vuelto a saber nada del jugador de paddle argentino con el que tuvo un romance, y que al final se descubrió que estaba casado, con una mujer en aquel país, quien llegó a llamar a mi amiga para contarle la verdad sobre su marido. La pregunto sobre nuevos amores, responde cero, "da tanta pereza", la entiendo bien. Seguimos caminando en busca del taxi en medio de hinchas excitados y con camisetas de sus ídolos. También me entero de que ha heredado unas cuantas miles de acciones de Telefónica, tras una disputa con su madrastra.  Y de rebote de que una amiga común se ha divorciado. Me quedo sorprendido. Hice acuerdos de tipo comercial con esa pareja. Me parecieron dos fenicios unidos, precisamente, por el amor a la acumulación del dinero. Él trató de jugármela y en una conversación telefónica le dije que lo que me proponía era simplemente aprovecharse del concepto de la amistad. Cuando me oí no me creía a mi mismo diciendo aquello, pero su propuesta era rastrera y daba vergüenza ajena. Hombre bajito, de cara pálida, voz moderada y buenos modales, con gafas sin montura de cristalinos cristales y ojos pequeños, claros, fijos y muertos como los de un tiburón. Resumí que se trataba de un hijo de puta. Era vecino profesional mío y cuando nos cruzábamos éramos cordiales, como si aquella conversación telefónica nunca hubiera existido. Yo me sentía incómodo, pero me imponía ser tan cínico como él. Y hablo en pasado porque tuvo que cerrar el negocio, y sin alegrarme si dije para mí: te lo mereces cabrón. Y esta noche me entero que hace dos años que ha dejado a su mujer, y me choca, porque ella es igual a él. Y que el motivo es que "tiene que encontrarse a sí mismo". Mi amiga me dice que cree que el tío es homosexual. Pues mira, ahora que lo dices yo también lo he pensado alguna vez, le digo, y es verdad que el tío tiene algo extraño e indefinible, simplemente es de esas personas que te resulta imposible imaginarlas follando. Bueno, sea como sea, dejo también mis sospechas, ya sabes, difama que algo queda. Soy así, un impresentable, lo sé. Naturaleza humana.

 

IMG00273-20110321-2031Dejo a mi amiga en la esquina de su calle y sigo con el taxi hasta Gran Vía. La noche es primaveral, y a pesar de ser martes hay montones de gentes en la calle pronosticando lo que serán las noches de verano en el centro de la ciudad. Descubro en mi móvil acceso a la fatídica herramienta de comunicación. Te veo conectada, te envío un mensaje, no contestas, te entiendo, lo siento, voy cansado, algo aturdido y tengo calor. Espero diez minutos, te desconectas, me siento solo y con la necesidad de pertenecer a algo, de sentirme acogido. Son ya las doce, y de nuevo me viene a la cabeza tomarme un café descafeinado antes de subir a casa. De nuevo vuelvo al local cerca de casa. Esta casi vacío, son las doce o las doce y cuarto. Al igual que en mi anterior visita hay dos tipos en la esquina de la barra, y esta vez no están allí colgados por la camarera, pues hoy sirve un tipo calvo, grande, cabeza afeitada pero grandes patillas. No se cómo lo hace. Está solícito. Le pregunto si puedo tomar aún café, dice que sí, lo pido. Muy amable me lo pone, y hasta me añade al platillo una madalena en miniatura. Saco mis gafas y mientras bebo el café me pongo a hojear una revista que hay allí de la National Geographic.  Los dos tipos van a pagar. El camarero les dice que si se toman la última, los invita, deben de llevar allí toda la noche. Empiezan ha hablar de un licor que se llama absenta, noventa grados. Uno de ellos dijo que una vez se lo recomendó una americana, lo tomó, fue a mear y "volví volando". Me hace gracia, me río, me integran en la conversación. Con el café te vas a tomar un chupito. No gracias, voy ya cargadito. Insisten. Tengo ganas de sentirme parte de algo. Lo tomo. Aquello me revienta, acaba con mi escaso juicio. Me despido abrazos. Apenas llego a casa, apenas acierto a apretar el llamador del ascensor,  apenas a mantenerme de píe en la ducha, apenas a meterme en la cama donde muerto caigo.  

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6 abril 2011 3 06 /04 /abril /2011 17:10

IMAG0003Tu arriba y yo abajo. Tu durmiendo y sin pensar, yo despierto y dándole vueltas a la cabeza. Jugando a una especie de ruleta rusa absurda, dentro de una espiral que se cuando empieza y las infinitas dimensiones que tomará. Una especie de tornado que comienza como una pequeña brizna de aire y acaba arrancándonos del suelo con fiereza. No se qué ocurre, no se si es resentimiento, no se si es una rabia latente por lo que nunca ocurre. No se, no se qué es. Trato de hacerte la vida fácil y, simplemente, no lo consigo. Lo fácil se convierte en complicado, lo que debería ser sencillo se sofistica. Lo que veo a veces tan cerca, tan a la vuelta de la esquina, otras lo siento inalcanzable, ignorando que hay entre ello y yo. Oigo tus pasos arriba, luego no duermes tampoco. Ahora oigo el armario, por más que pienso no se qué puedes buscar en él. No hay peor cosa que echarte de menos cuando estás en casa, simplemente es insoportable.  Tengo la  tele puesta, ruido de fondo sin sentido. Sigo oyéndote arriba, una tos y de nuevo el  silencio. Yo abajo y tu arriba, adivinándonos, adivinándote, impotente ante lo que piensas de mi a veces, irremediable, imposible de cambiar tu opinión, pues no se qué discurso usar. Se me traban las palabras, pues debería partir de tus ideas, aceptarlas y a partir de los hechos construir mi defensa. Pero lo que piensas no es cierto, es sólo una posible interpretación, sólo el tipo que estaba allí en ese momento fatídico sin saber de dónde venía, sin saber dónde quería ir. Tienes la virtud de ser cómo eres, yo quizás peco de no tener tu frescura. Tienes la habilidad de ir decidiendo la vida según llega, y yo también lo hago, pero sorteando los obstáculos que se me ponen delante. Trato de planificar para evitarlos, sobre todo porque en esta cochina ciudad has de ser como un jugador de ajedrez, ajustando horarios, viendo agendas, teniendo en cuenta las de terceras personas de las que también dependes. En realidad todo eso se traduce en una pérdida absoluta de libertad.

 

IMAG0008Hoy he estallado, supongo que la he jodido para siempre. Mis palabras se han truncado, las imagino plumas contra tu pared de acero, y comprendo esa pared, y desde abajo observo la superficie resplandeciente, y me siento pequeño, ridículo y despreciable, una vez más lo siento y espero a que se habrá alguna puerta, no tengo dónde ir ni tengo ganas de ir a ningún sitio. 

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31 marzo 2011 4 31 /03 /marzo /2011 16:55

IMAG0011 (3)Llevo un par de días con el carburador sucio. Cuando esto ocurre no acabo de arrancar. Me cuesta concentrarme y prefiero mirar a mi alrededor y ver qué pasa. Es como si sufriera los efectos de una sobredosis de estos munditos privados en los que me muevo y sintiera la necesidad de respirar un poco del mundo real.  Observo con la boca abierta y me siento extraño parándome en medio de las aceras observando un edificio o simplemente a la gente pasar.

 

IMAG0015Después de unos minutos soy consciente de que no pasa nada y de que nada ha pasado desde mi último respiro. La gente en la terraza habla y carcajea sobre los últimos monólogos o lo último de la serie Salvados, y me alegro profundamente, y también me siento un privilegiado por no dejarme masajear el cerebro con semejantes paridas. Tampoco he visto nunca el Hormiguero, ni tampoco los Serrano, ni Aida, ni tampoco aquí no hay quien viva, ni nada de nada, soy un analfabeto de la estupidez actual, quizás por eso me compro tan poca ropa o siento tan poca necesidad de tener cosas. Quizás por eso soy un poco cabezota con mis ideas, quizás por eso sigo siendo algo celoso si veo a un pavo intentando tontear con mi chica o quizás por ello me niego a leer El Arte de Amar, o cualquier libro sobre cómo educar a los hijos, o de estos de autoayuda con consejos para ser feliz o para sentirse satisfecho.

 

Soy un poco salvaje, quizás un poco cavernícola. A veces brusco, pero también tierno y cariñoso. Me aburren las charlas vacías, y entiendo la vacuidad no por la falta de contenidos, sino por la falta de sinceridad. Tengo pocas cosas claras, pero las pocas que sí tengo, son cristalinas, y procuro apoyarme en ellas. A veces soy algo cínico, y me consta que sé hacer daño y tocar puntos débiles, de lo cual siempre me arrepiento, porque estas cosas, soy tan tonto, que siempre las hago con la gente que más quiero.

 

IMAG0012 (3)Este soy yo, y montones de cosas más, por eso no me ubico en la realidad. No encajo en este agonizante mundo, así que sólo respiro, me aseguro que ha vuelto la primavera, y me vuelvo a sumergir en esos munditos míos. 

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29 marzo 2011 2 29 /03 /marzo /2011 14:31

Panorama 18Anoche quedo para tomar una cervecita con uno para los que escribo y al que tengo especial cariño. Este tipo de personas pertenecen a distintas tipologías, y en nuestro oficio, valoramos especialmente a los improvisadores. Esta persona pertenece a esta categoría.  Este grupo de gente tienen una capacidad de imaginación y de creatividad inigualables con los objetos y las realidades que tienen a su alrededor. Son incapaces de abstraer o de diseñar escenarios o mundos imaginarios, pero con cuatro datos y los objetos que conforman su entorno próximo, son capaces de jugar y hacer magia. Son personas que saben romper el hielo, convertir una situación comprometida en todo un show personal mediante una salida inesperada y cargada de humor. Se ganan al personal con el cariño, saben darte la palmada en la espalda, agarrarte un carrillo, tener el gesto cariñoso y entrañable que destroza cualquier barrera de cualquier ser humano.  Para ello necesitan memoria, almacenan datos sensibles, y si alguien está esperando un hijo, son capaces de preguntarles como va el embarazo dos meses después, o si te has recuperado de aquel esguince con el que te vio las Navidades pasadas. Suelen ser gente hiperactiva, de vida un tanto desordenada, incapaces de ahondar en su interior. Necesitan convertirse en centro de cualquier reunión, si no de manera explosiva, sí desde el punto de vista afectivo. En definitiva, es gente que necesitan ser querida para entenderse a sí mismas, y yo a este tipo, le tengo cariño, no sé si espontáneo o fruto de su manipulación. Sea cómo sea, el cariño y el afecto entre ambos existe.

 

Pero esta no es la historia. La historia es que al terminar la caña, que en mi caso fue vino, entré en un VIPS a comprar un libro. Con él bajo el brazo me encaminé hacia una esquina a parar un taxi, pero vi una boca de metro. De pronto me sentí un estudiante con presupuesto restringido, y ni corto ni perezoso me hundí en el subsuelo a las 23.30 con el libro  bajo mi mismo brazo. El recorrido fueron ocho estaciones, hasta Alonso Martínez, y aproveché los vagones semivacíos para sentarme a gusto, sin la incertidumbre de levantarme por si entraba alguna señora anciana o alguna embarazada. Me perdí durante el trayecto en las páginas del nuevo libro y mi mente (maravillosa mente), recuperó las sensaciones de mis años de estudiante, cuando cualquier lugar era bueno para hacer lo que te apetecía hacer, y en aquel momento, lo que me apetecía, después de un día hueco, era empaparme con las frases de un autor japonés.

 

Miraba de reojo los letreros de las estaciones, la siguiente era la mía: Alonso Martínez. Hice un cálculo mental, y decidí ir andando desde esa plaza hasta casa, total no serían más de quince minutos  y frente a la opción de hacer un transbordo para una parada más, me decidí por un paseo en una noche de pavimento mojado. Andaba por los pasillos de la estación, pasillos pequeños, llenos de ángulos rectos propios de las líneas antiguas de Madrid. Letrero verde, salida. Me encaminó. Otro letrero verde : salida a calle Génova, Salida Santa Engracia, Salida Museo Romántico. El puto Museo Romántico.  De pronto me viene a la cabeza la cantidad de veces que había visto ese letrero (salida museo romántico) cuando tenía 16 ó 17 años. Yo iba a dar clases de francés, al Liceo de ese país, y tomaba la salida a la calle Génova. Pero la salida en dirección opuesta era al Museo Romántico. De pronto viajé hasta aquella época y recordé aquellas clases, y lo que disfruté con ellas, pero sobre todo la incógnita que en mi cabeza suponía el hecho de la existencia de un Museo Romántico. Me imaginaba unas salas con pañuelos y sombrillas de encaje, guantes recogidos del suelo, anillos de pedida y tacitas de té. Vestidos vaporosos de principios del siglo pasado, niños ridículos en triciclos rudimentarios corriendo por el Retiro un domingo por la mañana, niños ahora muertos. No acertaba d discernir que cojones era un museo romántico.

 

Salgo, el pavimento sigue mojado. No hay nadie, un grupo de barrenderos/as vestidos de un fuerte amarillo. Me encamino a casa. A pesar de que por allí hay un Museo Romántico, no se dónde exactamente. Bajo por la plaza de Alonso Martínez hacia la calle Fernando VI. De pronto recuerdo que no tengo nada par desayunar mañana. Veo una tienda de estas que abren 24 Horas. Me desvía de mi camino, pero decido comprar unas galletas. Las pago y salgo. Me he desviado de mi ruta inicial, pero da igual, subiré hacia Fuencarral por la calle que mi necesidad de alimentación me ha puesto allí mismo. Miro el letrero en la esquina (calle San Mateo). Asciendo por ella entre sombras y brillos de paredes y suelos mojados. Apenas me cruzó con nadie, excepto un negro, alto, delgado, con barba marrón, tocado con una gorra de lana y bajo una especie de casaca parda larga. Sigo andando, y a mi izquierda aparece el Museo Romántico. Me paro, sonrío, cruzo la calle, lo observo, y descubro que el Museo reúne una muestra de las artes del Romanticismo español:  pintura, miniatura, mobiliario, artes decorativas, estampa, dibujo y fotografía.

 

Una gran satisfacción me invade, que estupidez, me siento feliz. Sigo andando. Un misterio resuelto más de 30 años después. Paro a tomar un descafeinado antes de subir a casa. Me quedan cuatro páginas para acabar el primer capítulo del pesado libro bajo mi mismo brazo. Allí lo leo, junto a dos calvos colgados que acaban el lunes hablando de coches y de impuestos y tratando de llamar la atención de la camarera con ojeras.  

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