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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Actitud ante un cuadro 1




Ayer estuve con mi chica viendo la exposición retrospectiva sobre Francis Bacon. Un grupo de japoneses revoltosos entró antes que nosotros, todos ellos con su gadget colgado del cuello. Mágnífica exposición de un tipo, uno de los últimos grandes maestros de la pintura. 

Fascinante mundo el de este hombre, atormentado, de vida caótica y obsesionado con expresar lo más íntimo del ser humano. Pintor desgarrado, desagrrados cuerpos, carne, deformaciones, posturas imposibles, la soledad del ser humano. Un cuadro de un niño paralítico gateando que parece un animal, un obispo de Velázquez que le obsesiona y que convierte en un ser maléfico, un diablo, solo, metido en una urna de cristal. Una serie de un hombre oscuro en las barras de distintos bares, un hombre sombrio de traje oscuro, otro diablo desgarrador y sin piedad, la carne, los rostros deformados pero, sin duda, clavados a los modelos retratados, un genio que murió en nuestro país hace pocos años y que creo, que núnca pensó que fuera a estar su obra, sólo unos cuantos años después de su muerte, colgada en el Prado. 

Todas estas cosas han de verse en silencio. No creo que haya que tener formación ninguna para admirar un cuadro, tampoco cultura pictórica, no creo que haya que estudiar al autor antes de ir a ver la exposición, sólo es necesaria esa mínima sensibilidad para quedarte frente al cuadro y percibir que sientes cuando lo contemplas.

En esos momentos te sobran esos tipos y tipas que van rápidos y nerviosos recorriendo los cuadros, sin pensar, se ponen delante tuya, interrumpen tu contemplación porque quieren acabar la exposición. Te sobra el tipo erudito ya mayor, fantocheando delante de dos mujeres más jóvenes que él y comentando cada cuadro, atropeyándose sus palabras porque es la única cosa de la que puede hablar delante de aquellas mujeres. Te sobran esas mujeres que quieren parecen cultas y adoptan actitudes y poses frente a los cuadros, pero que en realidad están observando si son observadas por las gentes de su alrededor. Miran el cuadro una milésima de segundo y el resto son reojos a los contempladores que las rodean. Sobran los matrimonios que hacen comentarios absurdos sobre aspectos absolutamente irrelevantes de un cuadro, entorpeciendo tu contemplación.

¿Por qué va toda esta gente a ver una expsoción de Bacon? ¿esperan ver estética? ¿quieren explorar en su alma? ¿dónde quieren llegar? ¿es simplemente una forma de sentir que han nutrido lo que consideran debe ser un trozo del alma? No lo se.  
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