Historias de todos los días

Afortunadamente, la RAE (Real Academia Española), aún no ha admitido el
término trolley en nuestra lengua. Pero ¿a quién se le ocurre decir que va a comprarse un carrito? Los trolebuses, los carritos de la compra de nuestras madres han sido rescatados del olvido por
las empresas. Las empresas, que les gusta mucho eso de reinventarse (ignoro como puede volver a inventarse un invento), han creado los Trolley´s Worker. A su vez, los Trolley´s Worker, son
todos ellos Trolley´s Driver y todos ellos conforman la Trolley´s Generation.
Hemos de buscar su origen en los ejecutivos medios. Llevar un Trolley negro es
una señal de estatus. Mas o menos viene a decir: "no pertenezco a la base, curro como un cabrón y me tienen todo el día de acá para allá, viajo en turista, pero mi carrera va bien, y llegaré
a ser un directivo de rango alto".
Seguidores de Sócrates, practican el cinismo. No son de este mundo. Van y
vienen, pero casi siempre están yendo. Su vida es una vida de circo. De ciudad en ciudad, de país en país, llegan, abren su trolley y apelando a la estandarización militar, despliegan los elementos
de su vida (ellos frente a su portátil).
Anclados a su futuro del que no se deshacen. Ocupan dos lugares en nuestro
mundo. El de ellos y el de su trolley. La Trolley´s Generation quizás sea una subespecie, una especie de evolución de la especie a la que desgraciadamente cada vez se suma más gente. Mucho
cuidado con dar un trolley a un niño para ir al colegio, acabará creyendo que las cargas no pesan.
Cuídemonos de los trolleys. Midamos con nuestras fuerzas qué carga
podemos transportar.Descansemos si es preciso, tomemos aire y sigamos nuestro camino a pulso. De lo contrario cada vez acabaremos echando más peso a nuestras espaldas y en cualquier cuesta, acabará
aplastándonos. Ahora, si tienes un trolley, míralo dos veces y preguntale quien eres.