Historias de todos los días
13 Abril 2009
Hay días que andas despistado, días en los que tardas en encajar de manera perfecta en la posición que crees ocupas en este infinito mundo de relaciones, cadenas de tracción, intereses, oportunidades, aventuras y desventuras que conforman la realidad de tu existir. . Hay días en los que te sientes ajeno a todo ello, y vagas sin saber muy bien dónde, simplemente movido por la inercia. Hay días que ni siquiera sabes si tu puesto te lo ha suplantado alguien. Hay días en los que ni siquiera te sientes dentro de tu cuerpo, sino que vas un poquito por encima de él, y dejas que tu materia transporte a tu ánimo de un lado a otro, indiferente, ajeno a todo lo que ocurre a tu alrededor. Hay días en que todo te da un poco igual y no estás brillante, y en los que tienes que tomar decisiones, y no las tomas, sencillamente porque no te apetece hacerlo, o simplemente porque estás en rebeldía. Esos días ni siquiera reciclas la basura, aunque yo no lo hago casi nunca, me parece una tomadura de pelo. Esos días es mejor guarecerse de chupopteros, caraduras, sinverguenzas (que sí reciclan la basura ), porque como te pillen por medio, se aprovechan de tu debilidad y te la meten. Lo mejor es identificar cuando tenemos un día así y meterse en algún rincón.
Lo mejor es estos díás es apuntalarse y no llamar la atención como las torres de Florentino. Tan erectas, tan tiesas. Dice alguien que estos caballeros levantan estas pollas como contramedida a una vida sexual insatisfactoria, vamos, dejándonos de eufemismos, que la tienen pequeña, y han de erigir pollas por aquí y por allá para reafirmarse.
Con el apuntalamiento, estás, pero no estás. Sigues ocupando el mismo espacio pero sin poder contemplativo, te conviertes en opaco. Nadie te hace caso y aprenden a esquivarte de manera refleja, simplemente dejan de contar contigo. Esta opción es para espacios cortos de tiempo ya que pueden llegar a olvidarte. Incluso podrías morirte tras las lonas sin que nadie fuera consciente de ello. De hecho descubrirían el óbito, cuando las telas que te cubren se rajaran, desgastadas por el tiempo.
Te echas la lona, pones unos andamios y ocultas todas tus facultades, tus atributos, tus capacidades. Llevado a la practica, es tan sencillo como no hablar. Ni palabra sobre como han ido las vacaciones de Semana Santa, por supuesto ni palabra sobre la remodelación del Gobierno, ni sobre que mal tiempo hace, ni sobre el Barca y su triplete, Obama, Afganistan, la violencia doméstica, corrupciones varias o el Mundial de Motos..total los temas de actualidad son tan vacíos que da igual que digas sobre ellos. A la tercera ronda que no entras en estos apasionantes temas, quedas fuera. Como decía Umberto Eco, eres un estigmatizado social, lo cual tiene muchas ventajas.
Por supuesto, ni hablar de la inexistente crisis. Ya huele. A propósito de la crisis, esto decía de ella un tipo que nació en 1.879 y murío en 1.955. El tipo se llamaba Alberto y su apellido era Einstein.
“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."
Pues eso.
Hoy he comido con un cliente. Hemos hablado de los hijos, de las distintas etapas que pasan, hemos comparado conflictos y hemos tratado de dilucidar la mejor posición ante ellos. Hemos hablado también de perros, del mastín español, del perro de agua, de los boxer, de los pastores alemanes. También un poco de vinos, y también de comida, pero no minimalista, sino maximalista. Hemos comido bacalao con setas, morcilla de arroz en hojaldre y papas a lo monje, de postre cuajada.
El tipo, sesentón, de los que te agarran del brazo al andar me ha llevado después al Retiro, a mostrarme el árbol más viejo de Madrid.

Este árbol, llamado Ahuehuete –Taxodium Mucronatum Ten-, es el ejemplar más antiguo del Parque del Retiro y muy probablemente de todo Madrid. Procede de Méjico y fue plantado en el año 1633, momento en el que se estaba construyendo el Palacio de recreo del Buen Retiro (1632-1640).
Merece la pena ir a verlo. Se entra por la puerta que hay frente al Casón del Buen Retiro, nada más pasar bajo la entrada, giro a la derecha y la primera vereda de la izquierda. Puedes sentarte en un banquito frente a él y contemplar tres siglos y medio de naturaleza, merece la pena.