Historias de todos los días
4 Mayo 2009
Vuelta al cole. Hoy con luz, hoy con cielo raso azul, hoy con primavera. Más optimismo. Han vuelto los colores a las calles y los dandies han salido de sus cubículos. El color verde se cuela por las ventanas, los árboles se han llenado de hojas y ya se huelen los aromas del verano.
Las ventas de coches han caído un 47%, la fiebre de los cerdos no acaba de decidirse si acabar con la humanidad o no, y Bruselas advierte que el año que viene más del 20% de la población española estará en paro. Desde luego, el panorama es la leche. Lo mires por dónde lo mires, todos son amenazas, y cuesta decidirse entre hacer acopio de alimentos o lanzarse a la calle a pecho descubierto.
El otro día, hablando precisamente de todo esto con un amigo, hablábamos de la gente joven. Me preguntaba como miran ellos todo esto, y que tipo de angustías deben de sufrir, teniendo toda su vida y sus sueños por delante, y con este panorama mundial.
Este amigo mío tiene una hija, ya de viente años, y que ahora está en Alemania. Yo tengo un hijo de 16. Yo le comentaba que por la edad, o porque ya has visto muchas cosas, es imposible, o al menos me lo es a mi, asombrarme o preocuparme por la situación. Que las cosas hay que tomarlas con tranquilidad y que poco podemos hacer por enmendar la situación, lo cual no implica que no hagamos nada, sino únicamente lo que está en nuestras manos. Le recordé las graves crisis de después de los fastos acontecimientos del 92 y como un país pobre como el nuestro, diez años después estaba lleno de ricos. Aún así le reconocí que lo sentía por los chavales jóvenes, no sólamente por el tema de la crisis, sino crecer y desarrollarse pensando que los polos se derriten y que acabaremos todos ,o ahogados por el deshielo de los polos, o bien con granos purulentos como consecuencia de un virus mutante. Después de todo, por mucho que empeoren las cosas, yo creo que antes de que acabe el mundo, ya me habré muerto, a no ser que sea verdad lo del 23 de diciembre de 2012, en tal caso, me lo tendré que comer como todo bicho viviente.
Él me contestaba, por mail, que los chavales jóvenes eran más espabilados que nosotros a su edad. En el caso de su hija, me comentó, que además había desarrollado una inteligencia bastante practica, y que fruto de ella no gastaba más de lo que necesitaba. Me dio un ejemplo practico de su forma de pensar: decía tener mucho frío en Alemania, y que había decidido irse a Brasil por la temperatura. Jajaja, me hizo gracia, pero me pareció un razonamiento de lo más lógico. Su padre, la animó a irse, a cualquier país menos España, al menos para desarrollar su vida profesional, que esto está lleno de mediocres y de gilipollas.
Los chavales. La verdad, pensamos poco en ellos, tan agobiados por los problemas de todos los días. Pero, ¿que sienten, cómo miran o cómo perciben lo que ocurre a nuestro alrededor?. Mi hijo está en plena adolescencia, y parto del hecho de que está en esa etapa de absoluto pasotismo y de absoluta rebeldía contra el mundo. Pero, ¿no es acaso la actitud que hace falta ahora? Creo que los chavales tienen ese espíritu de "oye tio, no me vendas motos", y ojala mantengan la misma cuando sean mayores. Creo que en realidad son nuestra última esperanza. Los treinteañeros que ahora comienzan a tomar responsabilidades, son poca cosa. Mucha gente light, llena de temores y con grandes ansias de simular vidas, pero los chavalines, puede que no sean herederos del mundo que hemos creado, sino que renueven el panorama, que creen nuevos tipos de mecanismos, de valores que, no estando exentos de defectos, si contemplen variables como la verdad, la honestidad, que ahora no pesan nada. A lo mejor a ellos, en una situación como la actual, se les ocurre crear una plataforma social para no pagar ni una puta letra más de la hipoteca. Igual la iniciativa movía algo en este apergaminado panorama. En todo caso, insito, hoy el día está lleno de luz.