Hay veces crees que las cosas se enderezan y, de pronto, empiezan a languidecerse como una planta falta de agua. Llevo días sin escribir, y no por falta de hechos que narrar, sino quizás por falta de ganas de narrarlos. Acabaron nuestras vacaciones y lo que era ilusión ahora es sólo un recuerdo de esa ilusión. Estás lejos de nuevo, y la jodida maquinaría de la rutina vuelve a chirriar cansada y envejecida. La sensación que tengo es la de disponer de muchas cosas, de muchos elementos, pero sin saber como usarlos, como combinarlos, y en muchas ocasiones, como hacerlos funcionar.
Quizás sea este apestoso verano de días blancos, polvorientos y sofocantes. Días de luz hiriente. El caso es que la sensación es de pérdida. Días de huidas leves con vuelta al tremendo imán que te ata a esta realidad de tierras calizas.
Mi hijo duerme, ajeno a estos pensamientos, y a veces parece darse cuenta de ese pequeño agujero negro en mi cerebro que me impide ser feliz, y veo en sus ojos esa mirada extraña de la pregunta sin respuesta.
Tengo esa sensación de pasado perdido, pasado sin raices, pasado que no me ha hecho crecer, sino ahondar en las dudas. A medida que pasa el tiempo, en vez de volverme más tranquilo y ver las cosas con la realtividad de los años, me convierto en un ser más crítico, más descreido de todo, incluso de lo que yo mismo soy capaz de hacer o debo de hacer.
A veces, y haciendo un simil con la informática, creo haber nacido sin una carpeta, sin un archivo que completa mi programa. Me considero defectuoso, y me siento frio, ajeno a sentimientos en muchas ocasiones. El otro día, contigo, fui a recuperar un trozo de mi pasado a un pueblo perdido de Zamora. Fui en busca de personas,más que de lugares. No hallamos a las personas y tu me preguntaste que sentía al volverme a ver allí, después de doce años. Me dió verguenza decirte NADA. Pero era la verdad, nada. Ahora pienso si es que esos lugares, esas personas, no me dieron nada o yo no supe extraer nada de lo que me dieron. Sólo el impacto del recuerdo. Quizás, en mi descargo, deba de decir que había recuerdos que núnca había borrado, quizás sean esos recuerdos lo que extrajé de aquel sitio, y siguen conmigo.
Rastreé luego a esas personas en esta máquina infernal de Internet, y encontré a una de ellas en el Sur, muy lejos, quizás con otra vida, con otra realidad, mientras yo sigo en la misma, y con unos recuerdos anclados a un pasado sin actualizarlos.
Me llamas, no me encuentras, veo tu llamada, te llamo, vas a dormir, luego hablamos, mandas un mensaje, te lo devuelvo, tu envías otro que no veo hasta hace un rato, y siento que he desperdiciado palabras contigo, una oportunidad de estar cerca. Con lo fácil que hubiera sido llamarte por tu nombre, o yo por el mío, aqui o allí, en casa. Te quiero