Historias de todos los días
15 Diciembre 2010
A veces hay más pared que ventana. Me asombra lo poco que se tienen en cuenta las circunstancias, y lo poco que se valoran las maneras de afrontarlas, y no me refiero a una muerte trágica inesperada, a un fallecimiento que fue suicidio o a un hecho que azota a alguien de manera caprichosa y gratuita. Me refiero a circunstancias mucho más rutinarias. Las circunstancias han perdido su valor como variable a tener en cuenta en el comportamiento, en la forma de estar o de ver una mañana ese día.
Al final te quedas solo con tus circunstancias. Son tales que son difíciles de contar, por lo que apetece poco hacerlo. En todo caso, esperas que sean evidentes y, por lo tanto, que se entiendan, se asuman, se encuadren, se injerten en lo probable de algún día.
Lo más justo, por lo tanto, cuando no entiendes el comportamiento de alguien, o te resulta inesperado, es centrarte en las circunstancias que han motivado aquel hecho. Quizás sea la forma de saber más del otro, de que siente, de qué piensa, de cómo controla lo adverso y qué razones le hacen perder ese control.