Historias de todos los días
14 Febrero 2010
El sábado me tocó partido de baloncesto con el chaval. Día de frío y Sol. Los chavales entrenan media hora antes del partido, y yo me dedico a dar una vuelta por los alrededores. Me pierdo fumando un cigarrillo por el barrio. Estoy en Aluche. Mi origen es de un barrio muy similar a este de Aluche, y supongo que detesto y rechazo todo lo que veo en él. No me refiero a la gente que lo habita, pues en realidad sigo detestando al personal en su inmensa mayoría, sea del barrio que sea, venga del barrio que venga o habite en el barrio que sea.
Supongo que hay lugares en los que se hacina el mal gusto, supongo que hay sitios donde se junta y se da cita cierta forma de ver la vida, cierta forma de vivirla o de esquivarla. Yo me crié en un barrio así, odiando y detestando todo lo que veía a mi alrededor. Quizás por ello detesto tanto casi todo. quizás por ello, sea tan agnóstico y crítico, pero si fuera así, hoy de nuevo, me reafirmo en ello.
No deja de haber cierta maldad en estos barrios. Quizás la creen sus casas bajitas de paredes de papel que impiden la intimidad y que convierten a la comunidad en una única familia de multitud de miembros, donde todos saben todo de todos. El barrio que se prepara para las próximas comuniones, el barrio que ya tiene atrapado en sus escaparates a los niños y los convertirá en marineros, almirantes y princesas de barrio.
El barrio que también muestra en público donde dormimos, en que sofás nos sentamos, donde follamos, descansamos o nos emborrachamos. El puto barrio que te atrapa, que tiene todo lo que necesitas para ti, para que no salgas de él, para que te hundas con él.