Historias de todos los días
23 Enero 2010
Ayer hacia cola en la entrada al más allá. No sabía lo que había tras la luz blanca del gran portón. Acaso no hubiera nada, acaso sólo un resplandor blanquecino que ni quita el hambre ni tampoco la sed, que sólo enfría la cara y te mantiene con la boca abierta sacando el calor de tu cuerpo y llenándolo de frío. Supongo que así es el mundo, esta puta mierda de mundo que entre todos diseñamos y construimos.
La vida se me ha llenado de luces rojas que ni siquiera se que significan. Sólo paras, como un perrito, y esperas a verlas cambiar de color, y arrancas, como un autómata.
Hoy me he levantado con tu "infinita tristeza" a mi diestra. Me he quedado mirándola un rato desde la cama.
La ciudad se ha quedado desierta. Es el arte como la naturaleza, sabe transformarse para representar tu ánimo y tu sentir. Los puentes los ponemos nosotros, los puentes para cruzar, para salvar desniveles. Los puentes, otra puta mentira de nosotros para disimular y despreciar los vacíos entre las dos orillas. En un extremo del mío me encuentro y no se si cruzarlo.
He sido el penúltimo en bajar del tren. Supongo que siempre hay alguien más triste que tú, alguien que añora de donde viene y no su destino que ahora es, en definitiva, ese trozo hueco y desvaído. Un beso.