Historias de todos los días
28 Junio 2010
Tarde tras tarde, tormenta tras tormenta. Las peores son las nocturnas. Se ilumina el mundo negro por un flash de proporciones inimaginables inundando todo de blanco. Ruge el monstruo en la oscuridad, tiemblan los cristales de la casa. Oyes a los insectos buscar protección, los pájaros revolotean nerviosos, se oyen perros ladrando nerviosos. Nuevos rugidos. Miras al cielo negro. Un nuevo flash y un nuevo rugido. Se levanta el aire y va tomando fuerza poco a poco hasta que se vuelve loco y de pronto una manta de agua cae del cielo con rabia. Alguien allá arriba escupe agua con fuerza, sigue rugiendo, los árboles se retuercen ebrios de ráfagas de más aire, aire, aire que no cabe, enloquecido, desbocado. Sigue lloviendo. Cae un rayo, la luz se va, el universo es negro a tu alrededor, el sonido de las gotas de agua lo ahoga todo, la casa se va a caer, la casa cruje, la casa quiere aguantar pero está a punto de dejarse llevar dentro de la furia. Portazos, cristales que quieren salir de su marco.
Anoche vino un gato, no es la primera vez que viene. Los dos solos, le acaricié, el se enroscó en mis piernas, maullaba, le puse un cuenco con leche. Quería entrar en casa. No le deje hacerlo, algo me daba miedo, era como tener un extraño en casa. Maullaba, le oía beber la leche. Me metí dentro. Me asomo a la terraza del piso de arriba, en la oscuridad veo los ojos brillantes del gato, relucientes en medio de la oscuridad de la terraza, me observa, sigue maullando. Me voy a leer y a dormir , no sin cierta sensación de traición. Hoy nueva tormenta, espero al gato pero no viene, a cambio una luciérnaga se ha pegado a la fachada de casa y una uñas rascan algo en alguna parte de la cocina. Me siento como invadido, como a punto de no poder soportar mucho más tiempo todo esto solo. Quizás sea hora de marcharse. Se ha agotado ya el tiempo antes de los problemas, es imposible seguir atendiéndolos todos sin nadie al lado, desisto de ello. Quizás la naturaleza invada mi casa, quizás todos ellos se hayan por fin percatado de mis debilidades y estén atacando en grupo. Un beso.