Historias de todos los días
29 Marzo 2013
¿Y si el mundo fuera más suave?, ¿Y si fuera aterciopelado?, ¿Y si nos tumbáramos sobre hierba y los rayos del Sol nos acariciarán la cara mientras cerramos los ojos y dejamos que una suave brisa nos recorra el rostro?, ¿Y si abrimos levemente los ojos y no vemos nada entre nosotros y el cielo?, ¿Y si nos pudiéramos sentir libres, sin atadura alguna? ¿Y si fuéramos capaces de comprender que entre nosotros y el infinito no hay nada salvo nuestro enfrentamiento con la nada?
Llueve, no para de llover, y la temperatura el cálida. Es cómo un día perfecto. Y en medio de esta magnífica jornada un par de tontos me hacen llegar mails intentándome enganchar al mundo falso. Y los abro, y los miro, y los leo, y requieren de una respuesta pero les doy una bofetada, un leve cachete y sólo respondo con desprecio y con silencio. Y se quedan ahí colgados, pendientes de una contestación, y no sé si renunciar, si irme lejos o quedarme aquí sin decir nada, pero quedan en mi cerebro, en algún recondito lugar de mi cabeza como un deber pendiente. Y los vuelvo a leer, y no aportan nada, y son vapor, y ahora CEPSA me hace llegar un mensaje y me invita a participar en un concurso para ir a las carreras, y me llega un nuevo mail, y el mundo parece estar en marcha con sus chirriantes ruedas que extraen y extraen sin preocuparse del hasta cuando, buscando con ansía el momento sin preocuparse de cuantos momentos quedan, de si son finitos, de si dejaremos alguno para los demás.