Historias de todos los días
29 Septiembre 2010
Me he levantado sobre las nueve y cuarto de la mañana. Con esa sensación de que tendría que estar ya de píe. Miraba el reloj de reojo con mala conciencia. Me he desperezado y arriba. Café y a trabajar. he pasado toda la mañana trabajando, devolviendo mails, escribiendo otros. Con un informe lleno de signos negativos. Mal va la economía, mal van las ventas, mal va la recuperación. Degusto ese sabor agridulce de ver si todo explota, si todo se va al carajo. No tengo noticias de la huelga. ¡esquirol, chupaculos del patrón! Aquí en casa suenan las hojas con la suave brisa que sopla, el mundo está lejos.
Trabajo pensando en qué hacer por la tarde. Quiero hacer algo de ejercicio. también quiero ir a comprar libros, y si se pone también hacer compra. Me pongo nervioso tratando de planificarlo todo mentalmente. El puto informe se me pone de lado, se atasca. Sigo con él, apago música y me concentro y me lo quito de encima a las tres de la tarde. Te he llamado, pero como desde hace un tiempo pasas de mi, de apretar la tecla.
Termino, no como, me bajo a la bici, leo mientras pedaleo, sudo, se me va el santo al cielo. pedaleo y leo. Acabo una novela negra, uno de esos best-sellers. Siempre tengo la convicción de que el asesino ha de ser alguien de los personajes de la narración. ¡Detectado!, una vez más una solución sencilla. Acabo, me ducho y me voy de compras. Mientras viajo pienso en si estará todo cerrado, cristales rotos, pegatinas rojas en los escaparates. El sol luce, oigo a Mozart, la música me lleva por las curvas, la luz me da en los ojos, hace calor. Llego al centro comercial. Nadie en el aparcamiento. Me meto dentro, todo abierto, compro libros, compro un cinturón para los vaqueros, compro unos pendientes para mi hermana (fue su cumpleaños el pasado lunes). La dependiente, una adolescente de negro, me atiende con suma amabilidad. Hasta hace poco podía pensar que por atracción, ahora ya me debato entre ese pensamiento o por respeto a un hombre mayor.
Me tomo un café, me leo las primeras hojas del libro que he comprado antes. Me gusta. no hablo con nadie. me doy cuenta de que llevo todo el día sin hablar con nadie. Me da igual, asumo que no estás, que no vas a estar, que he de concentrarme en que no tiene pinta de que alguna vez vayas o vayamos a estar.
Me vuelvo a casa, y paso por le super. Todo vacío. pago y me piro, llego a casa, y sigo leyendo el libro que empecé mientras tomaba el café. Se va el Sol. Viene el gato, juego con él, hablo con él, siento ternura y cierta lástima por mi mismo. No se cómo me percibe el gato, o que percibe de mi. Siempre tengo esa sensación de no prestar demasiada atención a los animales que quieren jugar conmigo. Hace fresco, me meto, pienso en ti, miro el reloj, no se dónde estás, ni qué haces, puedo imaginar tantas cosas. Estoy a punto de llamarte, pero ya se que no lo vas a coger.