Historias de todos los días
20 Junio 2010
Supongo que los últimos goterones de esta primavera. Se acaba la estación, se acaba el día más largo del año y otra vez a acortarse hasta llegar al otoño. Pasa el tiempo, monótono e inexpresivo. Sinceramente, no se de que escribir ni que motivos tengo, ni tampoco que ganas o de dónde sacarlas. Jaja, quizás padezca de agotamiento, quizás, como dices, se me hayan acabado las iniciativas, quizás ya no exista ninguna, como en los videojuegos, este escenario me lo tengo trillado, o cambiamos de nivel o no hay nada que buscar en él, ni trofeos, ni tesoros, ni pergaminos ocultos, ni premios.
Carretera llena de obstáculos y yo quiero avanzar porque carretera, hay carretera, expedita, asfaltada y limpia.
Te quitas uno y aparece otro, más grande, más contundente. Otra vez a frenar y a ponerte a su paso. Miras de reojo los trozos limpios delante del obstáculo. Esperas paciente hasta que se presenta tu oportunidad.
Aun peores son los obstáculos con autoridad. Les temes, ni siquiera te planteas quitártelos de encima, mejor que ellos mismos desaparezcan. El rato más agradable del día es regar mi pequeño jardín. Tiene lógica lo de las plantas, las alimentas y crecen. Se dejan observar y parecen agradecer el esfuerzo. Es un rato íntimo tuyo y de las plantas, un diálogo intenso en silencio. Supongo que algo nada excitante para nadie pero lleno de satisfacciones para mí, tan harto de obstáculos y de ir como un tonto tras ellos.