Historias de todos los días
23 Octubre 2011
Mi amiga P. es como poner un dedo en el polo de una pila y recibir un calambrazo, nunca apetece. Y cuando estás con ella es como llevar esa pila en el bolsillo y no dejar de manipularla. En cualquier momento puedes recibir el pequeño calambre. Es alta y parece una ficha de domino pues es blanca de piel y su pelo es de un negro intenso. Mi amiga P. no para de hablar. Además tiene esa entonación de algunas personas que convierten cualquier hecho menudo, cualquier rutina en algo asombroso, yo no me lo creo Además, todo es gracioso, todo es guays y cualquier frase acaba en una especie de risotada ahogada. Esta caracterísitica se la conozco desde hace cerca de veinte años, el tiempo que hace que tenemos amistad. No se trata de una relación íntima ni intensa. Fuimos colegas de trabajo durante más de 15 años y después ella fue despedida gracias a la globalización y los ahorros de costes, lo cual la ha desconcertado pues parece incapaz de desengancharse de la estúpida adrenalina del mundo empresarial. Mi amiga P. tiene mi edad, y me asombra que habiendo sido expulsada por el sistema se empeñe en volver a él. Creo que tiene mono. Mi amiga P. está casada hace un montón de años, con un hombre amanerado, raro y rabudo como una vieja maruja dentro de su cocina. Mi amiga P. me ha tirado los tejos más de una vez, pero nada de ella logra excitarme, ni siquiera su condicón básica de hembra. Mi amiga P. viste como una mujer mayor. Pantalones o faldas siempre altas, me imagino que para esonder una tripita redonda, no fruto de comer en exceso, sino congénita. Mi amiga P. es como alargada, su culo es alargado, sus piernas son largas, pero se me antojan como las de un pollo, y encima tiene una imagen propia de una femina de principios de siglo. Cara blanca, pelos cortos alrededor de la cabeza en rizos, labios pintados rojos, ojos marrones muy abiertos, pero sin vida. Mi amiga P. deja al descubierto su largo cuello blanco, pero no apetece agarrarla de la nuca. Mi amiga P. come enfrente mía, y cuando me siento frente a ella me acuerdo de que come un poco con la boca abierta y teniendo en cuenta lo que habla me obliga a no mirarla, salvo en contadas ocasiones. Elijo una mesa al lado de un ventanal que da a la calle, así siempre puedo disimular mirando al exterior. Una vez que decido mirarla de frente, descrubo salsa cesar en la comisura de sus labios rojos. Dejo de comer mi primer plato aludiendo a falta de apetito. Mi amiga P. es blanca pero no se me antoja limpia, pienso que se asea en una palangana todas las mañanas. Pienso más cosas mientras como, no son buenos olores, pienso en el frío, pienso en sábanas heladas y cierta viscosidad también fría. Cada vez tengo menos apetito. Mi amiga P. no para de hablar. P. es budista, o eso dice, practica artes marciales orientales en el Retiro, creo que los sábados por la mañana, y siempre que me lo cuenta, pienso porque no se le pega algo de la tranquilidad y la espiritualidad. Ya os he hablado antes de mi amiga P.. Ya os conté a qué se deidcaba ahora y sus ganas de volver a entrar en la absurda dinámica multinacional. No lo consigue, pues el mercado está parado, y aún así, con su edad, decide especialziarse en un concepto nuevo, la responsabilidad social corporativa (RSC), es decir, el arte de las empresas de vender sus productos haciendo ver que son buenos, que plantan árboles, que dan dinero a instituciones para nenes con problemas o que dedicán el 0,00000000001% de lo que pagas por uno de sus productos a hacer un pozo en una remota zona del Sahara. Mi amiga P. me lo cuenta y defiende ante mi que la RSC lo que busca, su objetivo final, es una conducta honesta. Me dice que las cosas han de cambiar porque el sistema actual ya ha llegado a sus límites. Me sonrío y me dice que soy un descreído, la contesto que el día que descubra una empresa honesta me avise. Mi amiga P. dice que vaa ser el próximo boom y que va a haber una gran demanda de profesionales en este ámbito. Yo la contesto que no va a haber ningún boom próximo, salvo un conflicto internacional que acabe con casi todo, de modo que tengamos que volver a reconstruirlo, único mecanismo regulador que hemos conocido hasta ahora a lo largo de los siglos.
---Que pesimista eres--, me dice mi amiga P. Y la respondo que no, que no lo soy. Puedo serlo más, le digo, apuesto por el fin de la raza humana, creo que el Planeta está hasta los cojones de nosotros.
Jooder, dice, chico estás realmente pesimista. le repsondo que no, pero que celebro lo de su RSC. Me comenta que va a hacer un curso que le cuesta 1.500 euros. le respondo que núnca encontrará trabajo si va a hacer un curso sobre una actividad que es un puro globo. Además, le digo, sabrás lo mismo que saben los demás, y es lícito pensar que contratarán a alguien con 30 años y no a alguien con 50. Consigo que su cará de clón de plástico pierda parte de su estupida expresión, aun así no ceja en en su alegria y buen humor. ¿Quiéres realmente triunfar?, le pregunto, ¿Cómo? Salte por la tangente le digo, ve contra corriente. Piensa en dos empresas en las que quieras trabajar, dedicalas tiempo, hazlas una propuesta, dilas que quieres hacerlas vender más a través de la honestidad y diseñales un plan a medida. Las empresas ya no contratan P. la digo, las empresas compran, diseña un producto a su medida y adelante. Yo no sirvo para eso, cada vez que te veo me acomplejas, me dice, tu tienes imaginación, pero yo no. Yo te ayudo le digo, No dice ella, acabarías haciendo tu el trabajo y no quiero.
Te mandaré un mail, digo, aunque se que no lo haré, pero en ese momento pienso que lo haré porque a pesar de todo, tengo un inmenso cariño por mi amiga P. Vamos, te voy a regalar un libro. Subimos por la Gran Vía, entramos en la Casa del Libro, selecciono uno, y se lo regalo.