Historias de todos los días
16 Octubre 2009
Una serie de acontecimientos en cadena acaecidos durante las últimas semanas, en uno de los primeros países europeos que parecen sacar la cabeza del pozo de la crisis, Francia, obliga a plantearse cuáles van a ser las reglas imperantes en esta refundación de la economía que los líderes mundiales quieren poner en marcha. Tras la hecatombe del sistema financiero mundial como consecuencia de una búsqueda sin escrúpulos de pingues beneficios, parecía que el sentido común y más aun, la honestidad, iban a imperar en el nuevo orden económico mundial, pero todo parece indicar que estamos a las puertas de una nueva vuelta de tuerca del sistema de siempre.
Los 24 suicidios y las 13 tentativas frustradas de trabajadores de France Télécom durante el último año y medio, el colapso de la página web de la primera dama francesa, Carla Bruni en tan sólo un día, la dieta que ha puesto de moda entre su gabinete Nicolás Sarkozy y que él mismo se aplica a rajatabla o la confesión, sin dimisión, del ministro de cultura francés, Frederic Miterrand, de haber pagado por mantener relaciones sexuales con jóvenes tailandeses, no deja indiferente a ningún observador y plantea serios interrogantes sobre cuáles van a ser las variables de este nuevo marco económico y empresarial con las que nos vamos a tener que mover en los próximos años.
Lo más preocupante es, sin duda, la escalada de suicidios acaecidos en la empresa francesa de telecomunicaciones, y deja claro que la lucha por los beneficios, sobre todo en mercados competitivos, va a ser a muerte
El pasado 9 de septiembre un operario de 49 años de Troyes se apuñaló en el abdomen en medio de una reunión y después de saber que sería trasladado. El 2 de octubre una empleada se lanzó al vacío desde un cuarto piso y se estrelló contra el asfalto, seis días después otra empleada del departamento de atención al cliente, también tras enterarse de que iba a ser trasladada, se intentó suicidar a base de barbitúricos. La última víctima fue un operario que se precipitó desde un viaducto de la provincia de Alta Saboya.
Esto casos, que bien podrían ser el arranque de una buena novela a caballo entre el suspense y la ciencia ficción, son actitudes de los trabajadores de France Télécom ante la política de recursos humanos de la compañía.
Los sindicatos han denunciado como causas de esta situación el estrés que esta provocando la nueva organización y los métodos de trabajo que pasan por cambios constantes de ubicación, de tareas y de residencia de los trabajadores, y que a veces acarrean desplazamientos de 50 ó 100 kilómetros. Según Pierre Morville, delegado sindical de CGC-Unsa, a ello se suma la presión directa mediante correos electrónicos que tratan de empujar a la prejubilación.
Según Liberation, otro programa interno denominado time to move obliga a determinados cargos medios de la empresa a cambiar de puestos de puesto cada tres años. Esta metodología, inspirada en el ejército evita que sus jefes se encariñen con los empleados y se opongan a las reducciones de personal o a los cambios de ubicación.
La empresa, privatizada en 1997 y aún con un 26% de capital público, argumenta que la cifra de suicidios no es escandalosa, a tenor de que en 2000 hubo 28 casos y en 2002, 29. Ciñéndonos a las estadísticas, este ejercicio se superará los 30, o eso dicen diversos psicoanalistas especializados que predicen nuevos sucesos.
France Télécom, que obtuvo unos beneficios de 4.000 millones de euros en 2008, ha visto esta cifra reducida en un 35% en los dos últimos años, y ha reducido su plantilla desde las 141.000 personas que la conformaban en 2001, hasta menos de 100.000, actualmente. La empresa, que ha recibido la visita del la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde, y del ministro de Trabajo, Xavier Darcos, ha decidido tomar medidas para atajar el problema y ha suspendido la reestructuración hasta finales octubre y los traslados hasta diciembre..
Los sindicatos, a través de Pierre Gojat, secretario general de El Observatorio de Estrés y Traslados Forzosos de France Télécom, ya se ha apresurado a decir que estas medidas no son suficientes para la dimensión del problema. En medio de todo ello, Louis-Pierre Wenes, director adjunto de France Télécom y considerado por los sindicatos el principal responsable de la ola de suicidios, presentó su dimisión y envió un mail a sus empleados “nada justifica que un hombre o una mujer ponga fin a sus días. No lo puedo aceptar. Ni ahora ni nunca”.
Como medidas adicionales, Olivier Barberot, director de recursos humanos de France Télécom, anunció que su departamento se reforzará con más de un centenar de personas para “detectar señales de debilidad psicológica” y formará a 20.000 directivos para prevenir los suicidios del personal. Todo ello indica que la política puesta en marcha para ahorrar costes, además de exigir nuevas inversiones para prevenir sus consecuencias, va a continuar, más aún si tenemos en cuenta que el operador de telecomunicaciones francés redujo su facturación en un 2,6% durante el primer trimestre del año (12.658 millones de euros), y el resultado bruto operativo (EBITDA) alcanzó los 4.300 millones de euros, un 7,1% menos que en el mismo periodo del año anterior.
La única esperanza para los trabajadores franceses es que la facturación en este país fue de 5.912 millones de euros, un 1,9% más que en el primer trimestre de 2008. Malas noticias, sin embargo para los trabajadores del Reino Unido, donde la operadora ha caído un 17,1% hasta los 1.253 millones de euros, y peores aún para los polacos, donde la caída ha sido de un 24,2% con 960 millones.
En España, cuarto mercado de la operadora en Europa, las cosas tampoco pintan bien, el negocio, que se desarrolla a través de Orange, ha retrocedido un 4,1% hasta los 954 millones de euros y además la empresa pasa a controlar el 99,85% del capital al comprar la participación del capital en manos de accionistas minoritarios.
Pero en España ya tenemos experiencia con esto de los suicidios por culpa del trabajo. El conflicto de Sintel, empresa de telecomunicaciones subsidiaria de Telefónica, duró siete años y culminó el 3 de agosto de 2001, con el levantamiento de aquella ciudad de tiendas de campaña en medio de la Castellana de Madrid. Aquel período se cobró la vida de 16 trabajadores por infartos, depresiones y suicidios, según denunciaron los sindicatos.
Todo indica que el mercado de las telecomunicaciones acarrea un alto índice de suicidios entre sus trabajadores, desde luego mucho más alto que el que indica un estudio de la Universidad de Oxford y las escuelas de Higiene y Medicina Tropical de Londres, que analiza cómo han afectado los cambios económicos a la tasa de mortalidad en 26 países de la Unión Europea durante las pasadas tres décadas. Según el estudio, por cada 1% de incremento en el desempleo existe un crecimiento del 0,8% en la tasa de suicidio entre población menor de 65 años. Por el contrario, los accidentes de tráfico disminuyen un 1,4%. Para una tasa de desempleo con un crecimiento por encima del 3%, el suicidio crece un 4,5% y las muertes por abuso de alcohol un 28%. Atendiendo al estudio, lo mejor será no hacer los cálculos tomando como referencia la tasa de desempleo en nuestro país.
En medio de estas reacciones internas a las estrategias de mercado en el sector de las telecomunicaciones, y también dentro del sector de las nuevas tecnologías, otro hecho ha venido a confirmar que mientras los departamentos comerciales mueren en su intento por vender más, los usuarios hacen lo que quieren y mandan en la Red. La primera dama francesa abría al mundo, a través de su página web, su ideario y la promoción de sus obras de caridad. También añadía en su sitio un perfil “autorizado” de sí misma. Esta oferta de contenidos tan rica y variada no podía desencadenar sino una avalancha de visitantes, hasta el punto de colapsar el “sitio” en menos de un día. Lo que ignoramos es si el responsable técnico de la web de Carla Bruni en el Eliseo se ha suicidado o no, por no haber previsto esta reacción y no haber usado alguna solución para simular cargas extremas de usuarios y haber previsto el problema.
Puede que la web de Carla explicite la dieta a la que se está sometiendo Nicolás Sarkozy y que ya le ha hecho perder siete kilos. O que argumentarlo usó la Bruni para convencerle de dejar de comer chocolate, una de sus pasiones ocultas. En tal caso, ello explicaría la demanda de acceso de los usuarios ya que parece claro que hoy por hoy, tan importante es la apariencia como la capacidad de directivos y políticos. No en vano, el ejemplo de Sarkozy se ha extendido a otros miembros de su gobierno. Así el ministro de Interior, Brice Hortefeux declara que se alimenta de sopas y de verdura, y los ministros de Comercio, Henri Novelli, Inmigración, Eric Besson, e Industria, Christian Estrosi, admiten haberse puesto a dieta.
Quien parece que no ha entrado aun a la página web ha sido el ministro de Cultura, Frederic Miterrand, sobrino del ex presidente francés. Frente a la vida sana y saludable que promulga su presidente, éste ministro ha decidido escribir un libro completamente antagónico “La mala Vida”, en el que confiesa sus debilidades por los jovencitos tailandeses y a la necesidad de pagar por mantener relaciones sexuales con ellos.
En definitiva, competitividad extrema, beneficios por encima de cadáveres, una vida sana y saludable, ejercicio, nada de fumar, si es necesario dieta, glamour y darse a los placeres carnales del tipo que sean, son las recetas de la nueva economía, al menos la que nos llegan de uno de los primeros países del Viejo Continente que saca la cabeza del hoyo de la crisis. Da miedo.