Historias de todos los días
9 Junio 2010
Hoy apetecía mirar por las ventanas. Hoy creo que muchos han mirado por las ventanas y se han sentido melancólicos. Y no ha sido la melancolía que suele llevar aparejada los días grises de lluvia, sino la que ha producido nuestro recuerdo del invierno, de ese duro invierno en que no sabíamos aún que iba a ocurrir, en el que eramos inocentes y nos creíamos dueños de nosotros mismos. Hoy muchos hemos mirado por las ventanas y hemos deseado que sea ya el próximo invierno, momento en el que estos meses de pesar y espera ya hayan pasado. Hoy muchos hemos querido ser otros distintos a quienes somos. Hoy la naturaleza y sus caprichos, o sus enfados, ha logrado abstraernos de la rutina aburrida y tímida. Hoy ha sido el día perfecto para mirar por la ventana y he sospechado de aquellos que no lo han hecho.
Hoy era un día de esplendor, de colores vivos, de cosas y situaciones que no cuadran, de desfases y de situaciones ilógicas. Hoy era un día para captar el momento, para parar y reflexionar, para asombrarse, recordar y desear. Hoy era el día para salirse de la norma, para reafirmarse, para mandar a la mierda lo estándar y a los vendedores de sentimientos, emociones y sensaciones fabricadas, empaquetadas y distribuidas en serie. Vosotros, peleles, vosotros urogallos que memorizáis y repetís lo que ni siquiera sois capaces de reflexionar, vosotros, los incapaces de oler la tierra mojada, seguid con la cabeza gacha y mostrar esa espléndida y estoica sonrisa de plástico al levantarla. Esperad así a que la marea, cuando baje, se os lleve, junto l fango, al abismo.