Historias de todos los días
25 Octubre 2011
El otro día me despertó la lluvia. Ayer no se qué lo hizo: pero había de levantarme a las siete y diez minutos antes estaba con el ojos abierto. Noche cerrada. No llueve. Es tal mi apertura de ojos que decido levantarme. Las mañanas ya son frías y cuesta salir de la tibieza de la cama. Corro a apagar el despertador, que pongo lejos para obligarme a levantarme. Silencio sepulcral. Pongo la tele, las mismas noticias de hace no se cúanto tiempo. Más videos de Gadafi, ahora dicen que los rebeldez le han metido un palo por el culo. Ignoro que buscan los realizadores resarciéndonos con esas imágenes, ¿quizás hacernos reflexionar sobre hasta que punto podemos llegar a ser perversos? Más videos del Gadafi, dentro de poco pondrán uno de sus séptimo cumpleaños. hago café, me lo tomo en el sillón, tranquilo, aún con la sensación de estar dormido. Asisto somnoliento a la actualidad del puto mundo, dinero y sucesos, a cual más sangriento y absurdo. Afeitarse, lavarse los dientes, ducharse, vestirse. Salgo sin hacer ruido para no despertar a mis vecinos. pero he aquí mi mala suerte que llevo una mochila que roza su timbre de la puerta, y no una, tres veces, ¡joder! parezco el de las pizzas. No se qué hacer. me piro escaleras abajo. se abre la puerta de mi vecina, en pijama, ojos claros cansados tras una gafas con las que ha leído mucho. La pido disculpas, me sonrie, dos niños pequeños salen de detrás de ella y se adleantan. Me observan extrañados, con las boquitas abiertas. me deshago en disculpas, sonrie. No pasa nada. Encantada de conocerte. Lo mismo digo, hasta luego. Salgo a la calle. Hace frío, el día empieza, pero el cielo aún es nocturno. Aun hay putas en las calles, gruesas, como madres italianas. Algún chulo o algún cliente fuma un pitillo. No reparan en mí, supongo que estoy demasiado despierto para poder parecerles que soy un cliente. Salgo a la Gran Vía, los reapartidores de periódicos gratuitos, la primera remesa de currantes, huele a ciudad. Cojo el metro, huele a ser humano, empiezo a devolver mails desde mi dispositivo, se va la cobertura, me cago en todo. Una tipa que venía de Barcelona a la reunión a la que voy, pierde el avión. Me apeo una parada antes de mi destino absorto en los problemitas. Me cago en todo. Vuelvo a subirme y vuelve la cobertura, los mails que he enviado salen ahora. Hablo con la catalana desde el vagón de metro, la digo que no se preocupe, que nos apañaremos sin ella. Un problema del calefactor me dice desde el aeropuerto del Prat. me pasaré por le banco para pagar el IBI, 400 pavos. Trabajo para el estado del bienestar. Me pilla la directora de la oficina, una tia fea de cojones, me empieza a gesticular, habla con las manos, no son ni las nueve, siento ganas de hacerla callar. Me han anulado un seguro porque no han podido hacerme un examen médico, la replico con lo mal que funcionan mis tarjetas. Joder pues que me llamen los del seguro, me lo vuelve a explicar con las manos y esos ojos claros muertos. Hay mucha gente con los ojos muy abiertos y muertos, sin profundidad. Vale, vale, oye tengo prisa. Cruzo al bar de enfrente, me tomo un café cortado. Me vuelve a llamar la catalana, embarca a las 9.20, miro el reloj, las nueve y cuarto. Feliz vuelo. Me encamino hacia el Hotel donde me esperan. Voy mirando el suelo, soy yo o no soy, ¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿qué hago allí? estoy cansado de sentirme alienado, callado, sumiso y frustrado. me pagan por ello, lo se, pero me empieza a dar igual. Busco un recodo, un pequeño lugar donde protegerme. Ando y miro el suelo, y sobre un adoquín una mancha natural me transmite un mensaje de amor.
Un pequeño mensaje de amor que enseguida asocio a tí. ¿Quién si no podría haberlo esculpido sobre aquella piedra fría? Sonrío y me alejo, me esperan. No dejo de mirar hacia atras y veo sólo una mota oscura en el adoquin de granito. Renuncio a la minucia, a ese pequeño espacio de paz con el que me hubiera apetecido quedarme.