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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Mi mente y yo

A medida que pasan las horas se va desvaneciendo la realidad y mi mundo se convierte en pequeño, en un remoto y diminuto reino sin habitantes en lo alto de una colina. Y me voy hundiendo en él como mecido sobre un péndulo que con cada oscilación baja y baja, centímetro a centímetro. 
Ha cambiado el color del cielo, ha cambiado al olor del aire. Ya no oigo ruidos ni atiendo a timbrazos. Me meto en mí mismo, me incrusto en el silencio de mi garganta desde el que puedo oír a mi organismo funcionar de manera refleja. 
No saludo a nadie, excepto al tabernero, alzo la mano como señal de concordia con alguien al que cedo la prioridad en el paso de cebra, sonrío, quiero estar en paz con el ser humano, y para eso lo mejor es no relacionarse con él. 
Ya desciende el Sol, y cada día lo hace más temprano, ya no hay moscas, salvo alguna cría saltarina y traviesa, nacida ya tarde, corta vida. Llega el otoño, poco a poco acariciando la piel con su color dorado, Las plantas parecen suspirar tras haber sobrevivido a un nuevo verano. Paseo por mi reino, bajo escalones, miro al horizonte y veo y siento, a lo lejos, a los hombres, yendo y viniendo, con planes y objetivos y yo ya no tengo, ni los quiero. Sólo deseo descansar, estar en silencio, no tengo nada qué decir, tampoco nada sobre lo que opinar, sólo el silencio y los ruidos de lo vivo y también de lo inerte. 
Mi mente parece haber colapsado, ya no piensa, ya no retiene. Mi mente, ese prodigioso ser al que mañana volveré a torturar haciéndole funcionar para dilucidar sobre temas que ni a ella ni a mí ya nos importan ni interesan Mi mente y yo, dos impostores de lo más salaos dispuesto a aguantar mañana estupideces, terquedades, orgullos, rencores y miedos de seres miserables. Mi mente y yo, cómplices en silencio y que bien nos conocemos. Mi mente y yo, compañeros de aventuras y situaciones angustiosas, escondiéndonos, a veces, ella tras de mí o yo tras ella, apoyándonos, cubriéndonos, dándonos espacios para descansar. Mi mente, que se escapa conmigo a veces, mi mente, que también quisiera saber que va a ser de nosotros, donde iremos a parar y en qué circunstancias. Mi mente, una vieja amiga que conoce mis vergüenzas y mis deseos más recónditos y que tan bien ha sabido guardarlos en secreto. Mi mente que, como yo, cada vez estamos más desnudos porque necesitamos menos ropa. Mi mente, que como yo, ya no necesita palabras para entender, preferimos las sensaciones y, sobre todo, las de tranquilidad y paz. Mi mente y yo, que creímos durante algunos años que íbamos a encontrar espacios plenos y la felicidad cognitiva. Mi mente y yo que nos reímos melancólicos de esta vida tan pequeña, tan rápida y huidiza. Mi mente, que mañana habrá de aceptar a otras, entenderlas y disculparlas. Mi mente, incansable que creo sueña con la inmortalidad aunque nada me diga, mi mente, que más lógica que yo, ha empezado a buscar el significado de todo esto, ojalá dé con él y me cuente.  

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