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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Ensayo, aunque no general

Hoy llevo todo el día con malestar. Se ha manifestado desde que me he levantado de la cama y ha estado conmigo todo el día, y aunque mitigado, aun sigue. 
Y como estamos todo el día viendo hospitales, tipos y tipas en batas verdes, ambulancias, goteros, aparatejos digitales que miden el ritmo de la vida; como hemos estado oyendo hablar de muertes, de infecciones de personas sanas, jóvenes, lozanas, que se las lleva por delante el bichito, también es cierto que para meternos miedo, me estalla la hipocondría y ya me veo agonizante aquí, solo. No sé si soy hipocondriaco o no lo soy. La verdad que sé muy pocas cosas de mi, por lo que siempre me han fascinado esas personas que saben definirse tan bien o aquellas otras que saben definir a los demás de manera tan precisa y vehemente. Yo siempre he pensado que es un ejercicio absurdo, pues somos tan tremendamente complejos y cambiantes (después de todo somos naturaleza), que no deja de ser irreal y hasta pedante tratar de definir cómo es alguien, pues ahora puede ser así y dentro de un rato de otra manera. También es cierto que hay gente muy evidente que arrea por un camino y no se sale de él haya charcos, socavones o árboles cruzados, pero estas conductas  tan poco erráticas suelen ir parejas con un escaso número de neuronas cerebrales, da igual que afecten a la inteligencia, o no, neuronas después de todo, pero si afectan a la sensibilidad, a la belleza, al buen gusto y al equilibrio. 
El caso es que hoy no me encuentro bien, y cuando eso ocurre me pongo de mal humor, además de acojonarme, ya que uno va teniendo ya una edad y aunque puedo decir que gozo y he gozado de una excelente salud, todo empieza por un “no me siento bien”. Es increíble como se dispara la imaginación y ya, antes de muerto, se eleva tu alma y te ves ahí, desvanecido y frío sobre la alfombra, o como un calamar congelado bajo el edredón de tu cama. También, desde esa forma anímicamente etérea, también disfrutas observando las reacciones de la gente que hay a tu alrededor, su sorpresa, su pena. Quizás puedes empezar a dilucidar cómo eres en ese momento o, más bien, como eras. Una pena, un poco tarde ya. Tarde para correcciones o para enmendar conductas. 
Creo que todo lo que tengo es un alimento que mi organismo no acaba de aceptar, a lo cual se suma una etapa intensa de trabajo, de nervios y de cierta tensión, en definitiva, los factores fundamentales un infarto, jaja. Lo siento, no puedo tomarme en serio todo esto, no quiero ni por lo más remoto dar el menor dramatismo a mi fin, sólo quiero que sea tranquilo y suave, un susurro agradable, una nana, una caricia, un beso en la mejilla, de esos que sientes. Al final he optado por no desesperar, respirar profundo, controlar mi cabeza y beberme un vaso vino, de aquí, de la tierra, después de todo, sientes un cierto hormigueo, un cierto adormecimiento, una leve pérdida de los sentidos, un ensayo, aunque no general. Que jodida manía por querer vivir. 
El día es de transición, me refiero a lo climatológico. Tarde mágica, verdor, tierra que vibra y expulsa todo lo que germina. 

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