Historias de todos los días
7 Marzo 2009
Ha crecido el número de méndigos en Madrid, y mantienen una actividad pedigueña constante, pero los sábados da tiempo hasta para leer el periódico. Si a mi me puede parecer una gilipollez lo que dicen los periódicos, imaginaros lo que deben de pensar ellos. Luego, antes de pasear hasta la cancha de baloncesto, también me ha dado tiempo para visitar una especie de tenderetes de artesania.
Este tipo vendía lámparas de hojalata. Las vendía a partir de 120 euros, lo cual me ha parecido una barbaridad. Cuando he oido la cantidad me he fijado en su aspecto. Resulta que el tipo iba con traje y corbata. me ha mirado mal, supongo que porque me ha visto echando una foto a sus hojalatas de taller de chapa industrial de Móstoles. Esto no es artesanía, y de esto se un poco, mi chica se dedica a ello. Me hubiera gustado mostrároslo, pero el tipo era más alto que yo, y desde luego parecía tener peores pulgas que las mías. En todo caso, si os encontrais con estas lámparas, no compreís, es un timo, o eso me parece a mi.
Me he sentado solo, casi siempre lo hago. Como os decía ya es difícil hablar de nada, pero encima el corporativismo deportivo es insoportable. Además, nace una competitividad paternal extrema en este tipo de eventos, y hay señores que parecen reforzar su orgullo a través de las gracias deportivas de sus hijos. Al final, lo que debería de ser un rato, digamos divertido, puede acabar convirtiéndose en pura competitividad y tensión. Más de una vez, he oido al papanatas del padre de uno de los chavales del equipo de mi hijo, hablar para sí mismo, completamente ido, diciendo que porque no sacaba a su hijo --dirigiéndose al entrenador--, que era el que mejor jugaba. Dan ganas de soltar una hostia a la gente asi de cinica, además sin darles explicaciones de porque. Si son así con esto, ¿cómo serán con otras cosas?
Aquí un padre, que más bien parece un marine en Mozambique después de haber ganado una desigual batalla.
Aquí un grupo de padres en animada conversación en el descanso del partido. Me gusta adivinar a que se dedican. me gusta sustituir sus ropas cómodas de fin de semana por sus ropas de trabajo. me gusta imaginar sus relaciones, qué estan pensando realmente unos de otros mientras charlan correctamente, quién desea a quien o quien detesta a quien. O igual no pasa nada de esto, lo cual, sería realmente más frustrante.
Hoy ha fallecido un conocido, un compañero de trabajo de hace años. Apenas tenía relación con él, pero no lo entiendo. Un hombre bueno, un hombre más joven que yo, casado, con dos niños adoptados. Sigo sin entenderlo y he de confesar que siento desconcierto. Me he enterado esta tarde, ha ocurrido esta mañana, su corazón ha fallado, igual en el mismo instante en que me fijaba en esta sombra. Me ha dejado mal, me ha dejado con cierta sensación de ilógica injusticia. Me hubiera gustado comentarlo con alguien, pero no creo que a nadie le hubiera interesado. He pasado el día pensando en ello de manera inconsciente. Sed felices y buenos, podéis ser mordaces, descreidos, críticos, o simplemente fieles con vosotros mismos, pero sobre todo hay que intentar ser felices y no negarnos ni avergonzarnos de nada en lo que creamos, es una buena fórmula, para empezar a serlo.