Apenas si nos dará tiempo a tomar un rato el Sol. Ni siquiera podremos quitarnos el mono de y del trabajo. Es un cuadro de Edward Hopper, autor realista americano, poco conocido en España. Expresa soledad, expresa silencio, nuestro silencio interno. Pintor que ha inspirado numerosas películas, de aquellas en blanco y negro, de tipos fríos, pero llenos de ternura. Tipos que sólo reclamaban algo de cariño, una caricia a la que agarrarse, y con la que poderse defender del puto mundo. El cuadro se llama Gente al Sol, y es de 1.960.
Llama la atención que el cuadro tenga medio siglo. Deberíamos añadir a lo de pintor realista, lo de pintor visionario. Bien podría ser un cuadro que representará la tan cacareada conciliación de la vida profesional y la vida privada. La vida personal, nuestro ámbito privado, ¡ja!, un alto en el camino, una reflexión tras un frenazo brusco, tan brusco que cuando nos detenemos, no sabemos muy bien donde estamos. No nos reconocemos, no sabemos que ha pasado, pensamos en nuestra vida, la que es nuestra. Hace tanto tiempo que no nos ocupamos de ella que no sabemos ya muy bien de quien es, o a quien pertenece.
Nos tendemos a agrupar, vivimos en manadas en el mundo real y también en el virtual. Pero cada día estamos más solos. Nos nos comunicamos, hay un jodido miedo a decir lo que pensamos, lo que creemos, lo que sentimos, lo que añoramos, lo que echamos de menos, en que nos hemos equivocado, lo que deseamos, lo que aborrecemos.
Hay miedo a decir lo que se ha acabado, lo que ha desaparecido. Tenemos miedo a declarar en que hemos dejado de creer y que nuevas cosas buscamos.
Somos una soledad en medio de un ecosistema de soledades. Un ecosistema que se alimenta de nuestro miedo. Tenemos miedo al gesto. Si se cruzan nuestras miradas bajamos la vista, disimulamos. Aparentamos que nadie nos interesa, que estamos satisfechos. Somos cordiales, correctos, pensamos igual, hablamos de lo mismo. Un mudo estándar, un mundo longitudinal donde sólo queda avanzar, un mundo bidimensional, sin horizonte, de líneas paralelas, de pasillos y tubos fluorescentes, de pequeños cubículos, de dispositivos. Somos una dirección de email, un número de nueve cifras, un nick, un avatar, un conjunto de tags, un seudónimo, un nombre de usuario, un tono de movil. Nos afanamaos por diferenciarnos. ¿Somos senior o somos junior? ¿assistant o consultant?, ¿somos adjuntos a, o somos directores? ¿Nos meten en el PARA, o aparecemos en el CC, o quizás en el CCO? Somos, somos, pero, ¿qué queremos ser?
Seremos lo mismo que hemos sido hasta ahora. No ha habido espacio para la reflexión. El sistema capitalista no se hunde, se reinventa como el Ave Fenix, condenándonos a renacer de nuestra propias cenizas. El sistema capitalista, sobre el que no hay libro alguno escrito, un sistema sin doctrina y sin ideario. Un sistema que entre todos hemos creado, un sistema que alimentamos, y del que nos alimentamos. Un sistema que, desgraciadamente, parece ser el único que nos funciona. Seguiremos agarrados a nuestro puesto de trabajo. Alegría, optimismo, las bolsas del mundo entero suben. Valores en positivo, índices Nikkeis, indices Dow Jones, el IBEX, todos los valores en verde. Pronto volveremos a lo mismo, a lo de hace tan sólo unas semanas.
Hemos salido de una crisis histórica, eso dicen los poderosos desde Londres. Pero, en realidad, lo que hemos perdido es una oportunidad histórica. Si falta dinero, echemos más dinero al mundo, ha decidido Obama. Hay que fomentar el consumo. Fijemos como objetivo para la humanidad el consumo, el crecimiento de la producción.
Miraremos por la ventana añorando lo que pudimos ser y no fuimos. Nos habremos de conformar con creernos importantes porque otros así, puntualmente, nos valoran. Nuestra autoestima dependerá de la estima que nos asigne un algoritmo que certifique nuestro nivel de productividad. Nuestros hijos cada día serán más débiles, perderemos la capacidad para vivir al aire libre. Cada vez tendremos más frío en invierno y más calor en verano. Engordaremos, nos volveremos amanerados, nos dará miedo el viento, temeremos a la nieve y al granizo. Creceremos, claro que creceremos, pero a cambio, involucionaremos.
De vez en cuando haremos un alto en el camino. Sera un momento en cualquier habitación. De nuevo, no nos reconoceremos, querremos rescatar el pasado. Pero ¿qué pasado? ¿Desde cuando empezar a contar el pasado? ¿En qué momento decidimos nuestro presente? No sabremos quienes somos, pero si sabremos para qué servimos. Desconoceremos nuestras metas, pero si sabremos cuales son nuestros objetivos de negocio. Seremos peleles viajeros, arrastraremos nuestras barrigas, nuestros liftings de aeropuerto en aeropuerto. Nos daran miedo nuestras canas, no reconoceremos nuestras arrugas, alisaremos nuestra piel para tratar de parar un tiempo imparable.
Lo único real de nosotros será nuestra sombra. Nos asustaremos al verla, nos dará miedo no reconocernos. Nos aterrará pensar en que alguien debe haber ahi dentro pues proyectamos una silueta. Pero sólo seremos eso, un tono gris recortado por el Sol, oscuro y siniestro.