Historias de todos los días
4 Abril 2009
¿Y nosotros?, ¿de cuántas cosas estamos hechos? ¿Quienes somos en realidad?, o mejor aún ¿cuantas realidades somos? ¿La que ven los demás?, ¿La que mostramos a los demás pero que sabemos no es la cierta?, ¿la que intuimos que somos y que nos da miedo pensar en ella?, ¿la que sabemos que podemos llegar a ser, y tanto nos aterra que preferimos pasar de puntillas frente a ella para no despertarla?
En casa, en nuestra cueva, nuestra choza o nuestro castillo. Lugar común e invariable a lo largo de la historia. En casa, el hogar, el fuego, los mitos y las leyendas, los olores, el silencio, el mundo fuera, una habitación cargada con olor a sexo, risas o silencios. Casa, un nexo al pasado, al pasado de hace siglos, de hace milenios. Un concepto que une a los hombres a lo largo del tiempo, jajaja, un vínculo inmortal que trata de romper ahora IKEA con su jodida vehemencia en hacernos egoístas, republicanos independientes de espacios cerrados con puertas. Eso sí, todos con los mimos muebles, las mismas láminas y las mismas lámparas. ¡Que les den por culo a los suecos independientes!
Casa, un lugar para escapar de la jaula. Un espacio esponjoso incapaz de ser engullido por la rigidez de las normas, por la forma de estar, por los protocolos, por el qué dirán, qué pensaran o que quiero que piensen. Un lugar donde lo primero que haces, sólo es posible hacerlo en casa, quitarte los zapatos. Una señal de desanclaje. Un símbolo, el de pisar otro territorio, otras tierras, tus valles, tus cordilleras, tus pastos, tus caminos y veredas. A veces tierras vírgenes e inexploradas. 
Hoy estoy en casa. Anclado a ella, anclado a mi. Dejando volar mi mente. Disfrutando del presente porque imagino el futuro. Construyendo mañanas solidos, de materias puras y reales. Dejo fuera colorines y luces, dejo fuera las cosas fosforescentes, fluorescentes y efervescentes. No me dejo tentar por sueños imposibles, por promesas de gloria o por fatuas vanidades. No necesito grandes bases, me basta con un único punto de apoyo a mi suelo.
Casa, un lugar sin tiempos, un lugar donde se mezcla lo pasado con lo presente, la niñez de tu madurez, la niñez nunca olvidada, y la que no quieres perder. La magia del destino, tu destino que hasta aquí te ha traído. Incomprensible el deseo por conocer el futuro de adelantarte al presente, simplemente porque quieres huir de él. 