Día habitual. La rutina, la más fuerte de todas, te va atrapando. Va adueñándose de los circuitos en este tercer día. Día monótono, como este verano de días azules, uno tras otro, igual calor sofocante, un día tras otro, iguales anocheceres rojos, iguales golondrinas extenuadas de volar para buscar alimento para sus crías. Televisores al aire libre, adolescentes chillones y excitados y hombres y mujeres maduros, ellos en camiseta, ellas en bata ya demasiado usada.
Tercer día de engullimiento, tercer día de desorganización, tercer día de cesión ante el silencio. Ni siquiera hay reflexión, solo eludir los monótonos minutos. Trato de esquivarlos, pero sólo apetece huir de lo estático, y te mueves hacia otro punto, donde también lo acabas estando. Al final generas una inquietud que te lleva a la parálisis.
Días y noches de cigarros mirando las estrellas, sintiendote nadie, aplastado por lo que no puedes dejar de hacer, por lo que nunca dejarás de hacer. Un beso,