Historias de todos los días
12 Marzo 2014
Sí, siempre he tenido ese problema, o esa habilidad en mis relaciones con mujeres. La incapacidad para quedarme fuera, la capacidad para romper las empalizadas y llegar hasta allá dentro, hasta ese pozo de magma donde bulle lo real y sale despedido hacia el exterior lo íntimo, con toda su crudeza y sin ningún disfraz. Y qué fantástico es, y que cabrón a veces, todo depende de con quién te topes, aunque también he de admitir que no me puedo quejar sobre la calidad de las personas con las que me he cruzado (en términos generales). Esta capacidad mía transforma mis deseos de pasar un buen rato de pasión en vivencias más hondas que a veces se enredan. Y no me importaría que así fuera si sólo acabara enredado yo, pero es que a veces también se enredan ellas, y acabamos todos enredados en melancolías y tristezas. Digo yo.
Y esto me ocurre desde el cole. Siempre zascandileando en torno a mujeres que no eran para mí. Mujeres atractivas emparejadas con chicos de película. Y allí llegaba yo, haciendo el mico, y acababa con sus manos, que quería acariciaran mi sexo, acariciándome la cabeza como si fuera una linda mascota. El niño rubio, tan mono y majo que al final acababa en plan amiguete peque aceptado tanto por ellas como por ellos. Y allí iba yo, a fiestecitas de jóvenes lozanos y lozanas como el nene guapito que ellas trataban como hermanas mayores o madres jóvenes. Como consecuencia, acababa enterándome de todas sus intimidades y pensaba en que pensarían sus apasionados amantes si descubrieran la verdad de sus intenciones y sentimientos.
En realidad hubiera preferido ser un tonto guapo dejándome embaucar hasta el límite aceptable y marchándome después fingiendo dolor y conflicto. Creo que en esos años aprendí mucho sobre las mujeres, sobre sus verdaderos sentimientos e intenciones. Sobre su innata capacidad de selección de los mejores machos para mantener viva a la manada. Sobre su acicalamiento espontáneo, sobre su capacidad para improvisar imperios a partir de materiales dispersos, a la vista de todos, pero que sólo ellas son capaces de ver. Y desbordado, siempre desbordado, buscas a Wally.