Historias de todos los días
10 Noviembre 2009
Convive la muerte con la vida, lo verde con lo amarillo, el sonido con el silencio, pero siempre se acaba imponiendo el uno al otro, o el otro al uno, y así de manera alternativa, en una espiral infinita. Todos llevamos dentro una parte tenebrosa, una parte ruin, una bolsa orgánica venenosa que almacenamos cerrada con una válvula que a veces abrimos y sentimos en nuestras gargantas el amargor del veneno, la satisfacción del daño infringido, y quién diga que no, miente o es que no sabe de esa capacidad maligna que almacenamos en nuestro organismo. Se suele dinamizar con la soledad, se suele dilatar cuando solo estamos con nosotros mismos y se muestra en todo su esplendor según la ruindad de la vida de cada uno. Se atrofia con la felicidad, se vuelve musculosa en las etapas difíciles y ruines. Se pone en alerta con el tiempo perdido, el que nunca vuelve, el malgastado, el irrecuperable. Todos somos blancos y negros, traidores y fieles, todos contenemos nuestros instintos, todos somos egoístas y queremos lo mejor para nosotros mismos, todos queremos ser felices, todos odiamos y amamos, todos encontramos y nos relajamos, y buscamos y nos tensamos, todos ocultamos y mostramos, engañamos y decimos la verdad, todos morimos cíclicamente, nos renovamos, arrugamos, erguimos, sonreímos y lloramos, todos somos duales y si no, nos volvemos cínicos.