Historias de todos los días
8 Noviembre 2009
Mañana de aire. Ayer también fue un día de aire. Mañana de cocina. Cruzan las nubes veloces. Tiempo sin sentido el de las mañanas, tiempo en tierra de nadie. Tiempo aún sin rodar, aún sin objetivos. Tiempo de reincorporación al día después de horas de inconsciencia. Tengo a dos adolescentes en casa, mi hijo y un amigo. Habré de hacerles la comida ahora, no tengo ni puta idea de que hacer. Oigo el Campeonato del Mundo del Motos mientras escribo, ulula el aire, crujen las persianas, retumban las puertas. Todo parece tambalearse, todo parece querer desmoronarse.
He puesto una lavadora, me he duchado, se me amontonan las tareas según se me van ocurriendo de manera espontánea. Es como si olvidara todas las cosas sin importancia que he de hacer, o como si quisiera olvidarme de ellas y ellas salieran a flote como animalitos a los que intentamos ahogar. A veces pienso que estas horas de la mañana son una buena representación, un buen resumen de mi vida. Sí, esos momentos del día en que no estás con nadie, en que nadie está con nadie, el nacimiento diario de la conciencia, esa jodida temporalidad, ese jodido esperar a que el día se calme, se defina y, en definitiva, se acabe. Hola mi vida, ¿qué es de ti? Un beso