Historias de todos los días
17 Julio 2010
Después de unos días de estupidez humana tenía ganas de pillar la máquina e irme por ahí, sin nadie. Pocas cosas hay más verdaderas que una bicicleta, pocas cosas hay más sinceras que mi bicicleta. Ha vuelto el calor, y la mañana era blanca, con esa sensación de no poder asirte a nada. Todo tan inundado de luz que el paisaje era plano y hacía daño a los ojos. He pensado en ti, he hecho una ruta que ya habíamos hecho juntos y te he llegado a ver, nerviosa, saltarina, escapándote de mi, a lo lejos, centrada en tu esfuerzo.
He parado a beber agua en un sábado anodino. Un día de tránsito entre dos estadios, entre dos entornos. Sábado de transición, sábado de hombre desubicado. Quizás por ello me he sentido mimetizado en el papel de viajero. Te echo de menos, y a medida que avanzo lo hago más y más. El mundo no me gusta, y lo peor de todo es que cada día me gusta menos. Tampoco tengo ningún interés en explicarlo pues intuyo que carece de sentido y creo que me volvería loco si intentara hacerlo. Al final he llegado a la conclusión de que la única forma de ser feliz es vivir al margen de él. Ya sabes que por mi profesión es difícil hacerlo, pero también se puede desarrollar la opción del zombi apático que deja de serlo cuando sale del encuadre de la cámara.
Parada en una plaza blanca, terracita bajo los soportales, sudando, imaginando el placer de la ducha al llegar a casa. Un Aquarius y una tapa que al verla se me han quitado las ganas de hincar el diente. Descansando del viaje por tierra extraña, sintiendo el desplazamiento, sintiendo la lejanía de haber llegado a las fronteras de la comarca desconocida. Todo nuevo, todo hay que observar, gentes nuevas, hábitos nuevos, rutinas y formas de hacer nuevas, renovación pasajera ahora que inicio el regreso. Mundo idiota, vuelvo, a serviros, a daros parte de mi inteligencia, aun cuando sabéis que nos acabamos, incrédulos y mediocres, bobos que os habéis creído hombres, pobres idiotas de espíritu y también de pobre conocimiento, mentes deformadas, embutidas en trajes y ropas carnavalescos, fantoches, muertos. ¡Que bien me siento y que ganas de verte! un beso.