Historias de todos los días
18 Septiembre 2011
Me he asomado a la terraza después de comer. La tarde esta tibia, fresca, pero calentada por el Sol del mediodía, y he visto la pala, y también he imaginado el azadón, y el rastrillo, y he mirado el jardín de abajo. Mi hijo ha comenzado a limpiarlo. Lo he mirado desde arriba. Me he puesto unas vaqueros viejos, botas de goma, he cogido música y me he perdido entre la maleza dos horas y pico. Sudando, oyendo música.
Una buena tarde para el campo. Supongo que la edad te va haciendo disfrutar de las tareas más rutinarias. He limpiado maleza, he aislado los arbolitos que tengo, he cortado ramas de los membrillos, los he regado, hasta he descubierto un nuevo árbol que había nacido entre la espesa maleza. He limpiado a su alrededor y lo he regado todo. El Sol empieza a bajar. Me he sentado en los escalones casi desmoronados que bajan hasta el jardín y me he fumado un pitillo mientras veo mi obra. Me siento lleno, la tierra parece agradecerme el esfuerzo. Esta próxima primavera intentaré cultivar algo, tomates sobre todo. Hace años creció una tomatera de manera espontánea y nos comimos una decena de tomates rojos, grandes, sabrosos.
Sigo sin tener noticias tuyas, te añoro.