Coincide la reflexión con el aislamiento, lo que incrementa la intensidad de la primera. He intentado ir a trabajar esta mañana, pero la situación era imposible. Miento, creo que anoche ya me acosté con la certeza de que me iba a resultar imposible. La situación, una vez más era evidente. Un manto blanco y la serpenteante carretera helada que no invita nada a aventurarse hacia el horizonte. Me he quedado trabajando en casa, y no se si disfrutando de las maravillas de esta jodida naturaleza. Hace un año menos tres días se reproduzco la misma escena, y parece que esto va a ser habitual en este mundo que no se ya si sube de temperatura o baja, ¿ y quién lo sabe?
Tenemos esa capacidad de adaptarnos a lo que nos ocurre, de sobrevivir ante situaciones adversas, lo que habrá propiciado que sobrevivamos como especie. Nos derrumban los hechos y las palabras, nos sepultan con ellas y aún así, volveremos a estar erectos, quizás un poco más corvados, quizás con algo de cojera, pero erectos al fin y al cabo. Cuantas charlas mirando las estrellas del verano desde esa silla, ahora sin sentido. Cuantas comidas y cenas en esta otra, ahora abatida y enterrada por el frío. La incomunicación, el aislamiento produce que desearas que los objetos inanimados hablaran, comentarán contigo el pesar o los rigores de la vida. Quizás de esa forma no te sentirías tan solo, o quizás pudieras esbozar un sonrisa ante cualquier estúpido comentario de un ser tan útil como una silla.
Gracias por tu carta, gracias por la conversación, y sobre todo, gracias por la ilusión. Gracias por espantar un poco, a manotazos, los miedos, que todos sentimos, pues somos por naturaleza insatisfechos. Nos sentimos culpables de todo, porque nos sentimos tan protagonistas, tan racionales y decisorios en lo que nos ocurre, que nos llegamos a creer que lo que pasa es culpa nuestra.
He llamado a la policía. En una casa ha estallado la tubería del agua y también he avisado para que enviaran al tractor quitanieves para que nos abran paso hacia el exterior. Un amable policía municipal ha agradecido mi colaboración ciudadana. Les encanta eso de que los ciudadanos nos aliemos con las fuerzas del orden en pos de bien común, así sienten alivio y hasta justificación de su poder.
Como quiera que les gusta sentirse útiles, ya han enviado a la máquina. Pronto tendré libre la carretera, igual bajo al pueblo a tomar un café y a echar unas fotos, para almacenarlas, para cotejarlas y enfrentarlas dentro de un año con la nevada de éste, con la nevada del año pasado, pues todo es cíclico, todo se repite en una especie de bucle infinito, pero con final para cada uno de nosotros.
Y entonces olvidaremos los pesares, y los inconvenientes, y sólo contemplaremos lo bello y lo armonioso, después de todo, toda tragedia esconde una gran belleza. Un beso mi amor.