Me asomo al ventanal de casa. De pronto veo la nube de nieve que viene hacia mi. Más de lo mismo, las temperaturas van a llegar a seis grados bajo cero esta noche. Pienso en si podré salir de aquí mañana lunes. Mejor que no hayas venido, aunque hubiera estado bien vivir todo esto juntos. Esos vacíos que crea el desconocimiento, esas cosas que habría que compartir y al no compartirlas las perdemos.
En pocos minutos la terraza se pone blanca. La terraza por la que se cuela el agua hasta el taller, la que reblandece techos y los hace derrumbarse. No se si desesperarme o disfrutar del hecho. Necesitaría unas risas que relativizarán todo, necesitaría tus risas y tus abrazos para afrontar esto con el sentido justo que se merece. A veces pienso en cómo era capaz de llevarlo todo solo, sin ti. Me parece mentira y me asombra la sensación de huérfano que siento.
Voy corriendo al frigorífico a contar mis reservas. Un huevo, media cebolla, un bote medio vacío de mermelada, dos botellas de agua, una de vino, un trozo de queso de oveja, una caja de setas, un trozo de carne para calentar, una caja medio vacia de margarina, un trozo de mantequilla, un bote de nata, una tableta de queso emmental, un blister de jamón cocido, una coca cola zero y otra light, dos botes de cerveza, una bolsa de canónigos, dos yogures griegos y dos recipientes de queso blanco, manzanas y naranjas. Olvidaba un bote de pimientos asados, dos cajas de quesitos que una de ellas tiene años, cuatro tomates y una bolsa de pasta natural, aun con el cierre que la pusiste al meterla en el frigorífico a mediados del mes pasado. Ojala mañana hicieras de nuevo esos spaghettis.
Supongo que aún podré resistir unos días más, que aguantaré envuelto entre la neblina de nieve a que salga el sol de nuevo, si es que alguna vez vuelve a lucir y todo vuelve a estar medianamente en su sitio. Vuelvo a mi nevera, el mejor exponente de la felicidad y la ilusión de cualquier persona. La mía vacía, la mía de superviviente. Tan esclavo te convierte lo que deseas y no consigues, como lo que no deseas y te atrapa. Supongo que yo lo soy de ti, y mi nevera me esclaviza. Pobre puta nevera que parece reírse de mi al abrirla. Pobre nevera que parece decirme: ¿que pasa tipo, crees que me lleno sola? Mi nevera, tu, la nieve, mi trabajo, desplazarme hasta él, yo en medio de todo ello, sin saber que hacer, como animal acorralado, esperando al Sol, esperándote a ti en medio de una especie de planeta que se hiela y desaparece. Si hay algo dispar a todo esto, si hay algo opuesto, el antónimo es el hogar.
Estaba buscado en la web maquinas de frío y me encontré con esta historia de como un frigorífico puede salvar vidas, bella historia, gracias por compartir, saludos