Historias de todos los días
7 Mayo 2010
Te vas y el mundo se nubla. ¿Recuerdas el día radiante que había el lunes cuando llegaste? Me encamino a mis quehaceres sintiendo aún mi cuerpo abrazado anoche. Abrazos fuertes al mástil en medio de la tormenta. Gracias por tu iniciativa, gracias por tu amor, gracias por esa incomparable forma de asimilar y de canalizar los hechos, gracias por tu fe, por tu amor, tu comprensión, tu manera de creer en mí.
Avanzo por la carretera y pienso en ti por estos mismos parajes unas horas después, sola. Intento ser tus ojos, intento ser tu cuerpo y sólo deseo que te rompa tanto como a mi separarte. Avanzo por la cinta gris que nos separa, y que también nos une. Recuerdo esa chispa de anoche antes de subir a dormir. Esa chispa que reaviva algo dentro de mi, un chispazo hondo, nada escandaloso, un suave chispazo muy definitivo, muy bien diseñado y capaz de encender y de encenderme. Puede que esté en tus ojos, en alguna expresión de sorpresa, en tu forma de mostrar la ilusión, en alguna sonrisa o carcajada, en tu leve tacto.
Avanzo y ya pienso en ti. Te acabo de dejar y ya miro mi reloj por si ya puedo llamarte y saber de ti, de cómo estas, de cómo te sientes, de cuantas ganas tienes de verme. Avanzo sin querer seguir, avanzo alejándome de quien siempre quiero estar cerca, que paradoja mi vida.