Historias de todos los días
5 Diciembre 2014
¿Y que hago yo, aquí, en el Ateneo?
En una sala de luces blancas, altas, tristes, oliendo a sudor de gente madura, olor mezclado con el de geles grasientos para el pelo y colorantes para grises cabellos.
Leen poemas, sin tono, con vergüenza.
Rostros viejos y cansados, miradas de reojo.
Esto es cultura, se repiten, aguanta, queda poco.
Ahora canta un tipo, sus minutos de gloria, narraciones sin hilar, egocentrismo disimulado, se excita, anda ahora desatado.
Me aburro enormemente o debo de estar demente.
Un mundo muerto y sus muertos vivientes.
Cansancio. Culos derrumbados y blancos, arrugados.
Clones o payasos, sin ritmo. en un triste cumpleaños de niños tan mayores.
Casposo, muy casposo, es el término que viene a mi cabeza y enfermos terminales y habitaciones de techos altos con abuelas de ganchillo. Y recuelos de café y sardinas escabechadas y orinales de porcelana descascarillados.
Por favor, que le hagan callar, por favor callaros.
¿Y qué hago aquí, en el Ateneo?
Miro, ah, menos mal, te veo.