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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Algo no cuadra

Lipo ha estado en un balneario. Bueno, no es exactamente un balneario, es un hotel ilegal en la ladera de una montaña que muere en un mar enfurecido y brumoso. Desde el establecimiento, unas tuberías metálicas de gran diámetro y dotadas de una bomba, extraen agua del océano  y la llevan hasta una gran piscina con unos motores que hacen surgir en sus paredes y suelo decididos chorros de diversa intensidad para masajear el cuerpo en distintas zonas. Algunos de esos chorros son tan potentes que provocaron que Lipo perdiera el bañador. El agua está caliente, y la sal  que contiene la vuelve áspera y espumosa como la que rompe en la orilla los días de temporal. 

Ni de coña os va a dar la ubicación. Tampoco va a hacer un artículo o publicar referencia alguna. ¿Para qué? ¿Para que invadáis el lugar y os lo comáis sin siquiera disfrutar de él? ¿Para haceros solamente selfies y contar en directo vuestra vida mientras no disfrutáis de ella? Ello provocaría que allí llegaran nuevas hordas, que, por otra parte, es lo que querrán los dueños del lugar; lo cual es absurdo en sí mismo, pues nada quedará del espíritu con que lo crearon. 

Lipo disfruta del sitio el viernes, pero todo cambia el sábado cuando llegan los consumidores de ocio cronometrado, tan ansiosos, tan precipitados. El silencio deja de sonar como antes y ahora es más metálico. Hay una fiesta, una especie de celebración de boda a pequeña escala, que reúne a una treintena de personas en mesas redondas de unos seis comensales. Leaks dice que es una petición de mano, pero no hay pareja joven alguna acaramelada. Lipo y Leaks se fijan en la mesa que debe de ser la presidencial, pues cada vez que sirven un plato o retiran los consumidos, los camareros comienzan por ella. 

Parece que todo gira en torno a una pareja madura sentada en ella, superan la cincuentena, e insiste Leaks en que celebran una petición de mano. ¿A esos años pidiéndose la mano? Argumenta Lipo. Acuerdan que se trata de un aniversario. 

Hay algo en el grupo que no encaja. Todo se ve tan bien porque la celebración se desarrolla en el salón de una galería lateral del hotel que da a la entrada del establecimiento. Fuera hay escasa luz eléctrica (un aplauso para quien tomara la decisión), y ese salón, separado del exterior por unas cristaleras enormes, está profusamente iluminado; es como una especie de escaparate. Hay niños, tipos jóvenes y ancianos, varias generaciones se dan cita en esa celebración, pero hay algo que no encaja. 

Lipo y Leaks dan un paseo y cuando vuelven, allí siguen, ellos con los chalecos de raso ya desabrochados, levantando copas, brindando y ellas jugando a las princesas, dando pasitos cortos entre las mesas y cuchicheando, levantando con una mano los bajos del traje, apretado, para no pisarlo. Ninguno de ellos mira al exterior, es como observar una sala de interrogatorios. 

A la mañana siguiente, en el desayuno, Lipo y Leaks también se encuentran a los celebrantes. Están dispersos por diversas mesas y distribuidos según lazos familiares, supone Lipo, y cuando van llegando al salón de los desayunos desde las habitaciones, van saludándose, cortésmente, indiferentes a todos los que ocurrimos a su alrededor, únicamente somos extras de su celebración. Enfrente de Lipo se sientan los que deben de pagar todo aquello, los del aniversario. Él sonríe, forzado, cada vez que por el pasillo cruza alguien del grupo. Se levanta ahora, ha detectado una mesa, la de los más ancianos. Va hasta ella enfundado en una especie de chándal oscuro, debe de ser una prenda comparada exclusivamente para los desayunos en hoteles de costa. Llega hasta ella y haciendo una genuflexión de cintura, muestra sus respetos absolutamente protocolarios hacia el grupo que desayuna en ella. Les debe de estar preguntando sobre qué tal noche han pasado. Los de la mesa no parecen prestarle mucha atención, ni siquiera se levantan, es como si dieran por descontado esa muestra de respeto. Tras el saludo, vuelve a su mesa y va hacia el bufé a cargar su plato. Diez minutos después, uno de los ancianos de la mesa de los patriarcas, se detiene en la de los organizadores, camino del bufé y el del chandal, ni se inmuta. Jamás ha visto Lipo a nadie ignorando de forma tan natural a otra persona que está enfrente de ella, ha de aprender a hacerlo. No se explica Lipo el cambio de actitud. Al rato, nota Lipo que hay grupos que no se hablan entre ellos, o se miran así, como de lado. Sin duda, se trata de las dos familias de la pareja, unidas para la celebración. 

Ella, la pareja del que paga, enorme, alta como una cariátide, se levanta, su amado le enseña su taza y le pide que le traiga un café. Adusta, le dice que primero va a por lo suyo y que luego ya verá. Madre mía, apunta Leaks, menudo carácter. Él no rechista, debe de conocer ya esa faceta íntima de ella. Al rato se levanta él mismo a por el café. Él ha pagado la cena y la noche en el establecimiento. Algo no encaja.  

Además de la cena y la noche con desayuno en el hotel, también ha pagado una sesión de terapia acuática, pues Lipo y Leaks, que exponen distintas zonas de sus cuerpos a los beneficios de los chorros a presión, ven aparecer, en racimos, a los miembros del grupo. Una vez más, son ajenos por completo a lo que ocurre a su alrededor y a las miradas inevitables a algunos de aquellos cuerpos que, a medida que van emergiendo de los albornoces, muestran, sin pudor alguno, lorzas de carne pálida, pechos sencillamente impensables y barrigas globo. Lipo no quiere que el mismo líquido le contenga a él y a ellos. Teme que salgan de sus bocas culebrillas diabólicas, seres microscópicos que colonicen, aniden y destruyan organismos y buceen hacia él. Se multiplican en las instalaciones, parecen estar en todas partes del circuito termal. Hay algo en común en todos ellos, ciertos rasgos de deformidad, física y mental. Lipo piensa en antropofagia, en incestos, en los cuadros negros de Goya, en el de “Saturno devorando a su hijo”, en envidias y odios, en ritos, en maldiciones.  Lipo piensa en un circo, el de los horrores, e invita a Leaks a salir del agua y disfrutar de una sauna antes de que, sin pudor, la invadan, la usen y corran el riesgo de morir asfixiados, y aplastados.


 

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