Historias de todos los días
2 Enero 2025
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Y viniendo por la carretera negra, Lipo se ha topado con un accidente múltiple. Tres o cuatro coches. Cruzados en el asfalto, que está manchado de aceite, y sobre el que hay arandelas y trozos metálicos de metralla automovilística. Uno de los coches implicados está en el campo, y hay luces azules parpadeantes, y otras de igual color y frenéticas también que vienen volando a ras de suelo en la oscuridad, guiadas por el trazado sinuoso y serpenteante de la carreterita invisible. Todo ello lo ve Lipo en silencio desde dentro de su habitáculo insonorizado y ecológico.
Parece que no hay heridos, pero menudo susto ¿no? Además, que movida si alguno de los implicados tenia planes de viaje, por ejemplo, una escapada romántica con la amante antes de ir a recoger a la familias al final de las vacaciones navideñas, irse de noche de reyes con la novia, de compras, al trabajo, etcétera, etcétera. El mundo no es seguro, por más tecnología que usemos, piensa Lipo, y estos siniestros, tan cortantes y bruscos nos devuelven al siglo pasado en los que nuestras vidas no valían tanto como ahora.
Y piensa en ello porque su hermana está de viaje a los Estados esos unidos que han optado por un payasete para organizarse. Lipo había llamado minutos antes a su madre. Le pregunta que cómo va su día, y le dice la mujer que pensando en su hermana, en su viaje, en el avión, en accidentes. Y le dice Lipo que no puede vivir con ese miedo constante, que si el avión, que si el coche, que si la moto, que si el metro, el tren, el tranvía, el barco, el patinete, su puñetera madre.
Eres una miedosa, le dice Lipo, siempre lo has sido y con tal de anular cualquier riesgo prefieres quedarte encerrada en casa. Siempre has sido así, y así no se puede vivir, le agrega. Pues cada uno es como es, le responde su madre, y sí, mejor quedarse en casa. Y Lipo recuerda su niñez y todos los planes frustrados que su madre habrá provocado por su miedo y ese afán sobreprotector. Pues ya vas cambiando, le dice Lipo, porque hay gente, y piensa en su hermana, que no piensa como tú. Y también razona Lipo, que su madre, que tiene ya 95 años, tendrá el miedo de que si su hija desaparece quien se hará cargo de ella, y eso le frustra, pues es lógico pensar que eso indica que su madre no ve en él a un personaje fiable para que vele por su últimos días, o meses, o años. Y que razón tiene, y ahora es Lipo quien tiene miedo, así que espera que su hermana vuelva sana y salva.
Y Lipo, que pretendía ser libre, un hombre de pocas palabras y justo, un referente de las concordia, una especie de faro gris en medio del duro oleaje, se da cuenta de que no lo es, sino sólo un cabroncete que siempre acaba arrepentido de sus prontos, y que hay mucha frustración dentro de él y que, de vez en cuando, hay que sacar las acuarelas, las ceras, los oleos, los acrílicos o los lápices de colores para dar unos retoques al viejo dibujo, darle brillo, antes de que se desdibuje porque no hay nada más triste que diluirse y se acabe olvidando de ti, es cuando desapareces. Y mentalmente pide perdón a su madre, a LWG, a todos los que se cruzan y se han cruzado con él y, sorprendentemente, aprenden a quererle.