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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Más sueño

Hace un par de noches tuve otro sueño. Uso el siguiente mecanismo para seleccionarlos: los dejo habitar en mi memoria 48 horas. Si pasado este tiempo aún están vivos, realmente merecen la pena y acabo trazando sus líneas maestras. Si por el contrario se desvanecen, es que la realidad es capaz de imponerse a ellos.


Estoy en una reunión. Es en una de esas salas de reuniones asépticas y rectilíneas de un hotel. Es una mesa alargada, yo estoy en un lateral, frente a no se quién o quienes. A mi lado, a mi izquierda, hay alguien que, en teoría, es aliado mío. ¿Se trata de una negociación? no lo sé. Algo ocurre. Algo he dicho que sé que no le ha gustado a mi aliado, a quién ni siquiera veo el rostro. Sé lo que hace con la gente que le defrauda, o con la gente de la que se cansa, o con la gente de la que ya no puede sacar nada: los manda asesinar.


Como en las películas, yo, el sentenciado, abandona la sala engañándome de que nada pasa, de que la vida va a continuar tranquilamente. Pero no es cierto, te van a eliminar.
Salgo de aquella sala de reuniones a un pasillo también blanco y frío, iluminado por la luz natural de un ventanal. Hay dos hombres vestidos con trajes blancos, quizás sean médicos, apoyados contra la pared. Les observo, paso junto a ellos y les observo como sacan de sus bolsillos senda pequeñas inyecciones que presumo letales. Intentan clavármelas, pero sus movimientos son lentos, patosos. Son más lento que yo, por lo tanto, logro zafarme de ellos y creo que consigo clavarles yo a ellos aquellas jeringas mortales, pues caen redondos, como muñecos desinflados.


Ahora estoy en una especie de estación de autobuses. Por un momento percibo que me acompaña el concepto familia, pero no reconozco voz alguna o persona que así lo certifique. No estoy en una sala de espera, más bien en las cocheras. No son oscuras, hay luz, al aire libre, y hasta flores en macetas y jardineras.
¿Qué ocurre? una mujer, más bien joven, es quien ahora intenta asesinarme. No puedo saber con que instrumento o herramienta. Creo que va vestida con una especie de abrigo largo de color morado. No sé cómo enfrentarme a ella, pero lo consigo, pues ahora ella está tumbada en el suelo y yo introduzco en su boca todo tipo de objetos, la mayoría de ellos vegetales. Aún veo como la meto el bulbo de una planta como si estuviera empujando una naranja por el culo de un pollo que vaya a asar. Supongo que quiero ahogarla. Resulta violento, pero es su vida o la mía. Parece no moverse, ¿Está muerta?


Ahora corro por las cocheras, ella me persigue, pienso qué hacer, pues esta vez ella es más rápida y ágil que yo (típico de los sueños). Me fijo, está embarazada. Eso no me importa en mi sueño. Pienso y pienso, y pienso en estampar contra su cara algún objeto del mobiliario urbano. Y despierto.

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