Y me pilla mi cumpleaños en la oscuridad de la terraza, cambiando las mangueras del agua para poder regar mi ciruelo que ya ha dado pequeñas ciruelas. Acabo de dar de comer a los gatos callejeros que también se han acercado a casa. Muchos años, demasiados, y que rápidos han transcurrido.
A veces recuerdo todo lo que he sido, la variedad de papeles que he representado, con qué esfuerzos y siempre con el mismo objetivo: sobrevivir. A pesar del gran número de circunstancias, también tengo la impresión de que siempre he sido el mismo, por lo que no es extraño que haya momentos que me aburra de mi mismo. No, no, aún no vivo de los recuerdos, ni me da por rememorar el pasado. Sigo mirando el futuro como algo inmenso, como algo incierto en el que he de encontrar mi lugar. Jaja, creo que moriré pensando lo mismo, que tengo aún futuro, aunque no crea en el más allá. Años, jodidos años, sólo envidio la fortaleza de los más jóvenes, las ganas de hacer cosas que proporciona lo aún no vivido, pero también me daría pereza volver a vivir lo vivido, pues casi siempre a todo el mundo le ocurre lo mismo, y sólo la gente extraordinaria vive cosas extraordinarias, que no es mi caso. En fin, años, escalones hacia el sótano y lo reconfortante que sea, depende de uno mismo.