Historias de todos los días
17 Mayo 2017
Me retiro ya, agotado. largo día de trabajo, intrincado, con sus vueltas y revueltas y sus revoluciones. pero antes de irme, no puedo dejar de hacer un pequeño homenaje a un desconocido.
Me lo presentó una amiga común.
No recuerdo si sus gafas eran de pasta o no. Apenas si compartí con él un par de horas, Recuerdo sus ojos negros, y vivos, y su mirada amable, un poco guasona, de quien ha visto y vivido, de quien ya ha sido engañado y lejos de volverse receloso, ha decidido escoger de quien estar cerca, pues es estúpido estar siempre en guardia.
Recuerdo también su boca, con esa media sonrisa, perenne durante aquellas dos horas. Y también recuerdo su pelo, revuelto, negro. Un tipo capaz de encontrar, creo, las zonas buenas y no las muertas de las personas. Amigable, acogedor, tierno, con quien no te dan pereza tres horas muertas, pues acaban convirtiéndose en vivas.
Le vi, me quedó el recuerdo, la satisfacción de reconocer a un nuevo ser humano, escasean tanto.
Hace unas semanas, esa amiga en común me comunicó que le habían diagnosticado tumores en su cerebro. Ha sido fulminante, falleció hace dos madrugadas, y hoy ya no está entre nosotros,
Y lo lamento, y lo siento, y no sé qué pensar, pues, después de todo, apenas le conocía.
Pero sí tengo claro, Chema, que he de agradecerte aquellas dos horas, fue reconfortante, y lo es más, poder recordarte.