Historias de todos los días
25 Septiembre 2024
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He mirado mis raquíticos escritos de hace un año. Me hace mucha gracia observar como, al igual que ocurre en la naturaleza, los seres humanos nos repetimos al ritmo de unos ciclos que van concatenándose con un ritmo casi perfecto.
Estoy a punto de celebrar mi aniversario, el que marca mi llegada a este mundo, no sé muy bien desde dónde. Por lo tanto, soy del signo Libra en el zodiaco. Y como quiera que el cambio, de signo zodiacal, ha sido hace muy poco, pensaba yo que era un Libra primerizo, un Libra así, a medio formar, un fetillo de Libra. He de confesar que, como casi de todo, de esto de los signos zodiacales apenas tengo conocimiento alguno.
Pero, al igual que le ocurre a todo el mundo, las cuatro o cinco veces que a lo largo de tu vida alguien te lee las cualidades que definen a cada uno de los signos zodiacales, te quedas asombrado de lo acertadas con las que te identifican a tí.
En mi caso, sobre mi dice el negro universo que soy amante del arte y la armonía, que detestamos las tensiones, los conflictos, que buscamos la paz y el equilibrio (de ahí que se represente el signo con una balanza), que nos gusta el sexo y el placer y que apreciamos es el control, no desde un punto de vista del poder, sino de la tranquilidad (todo está en orden). Bueno, dice muchas cosas más, pero estas son las que ahora recuerdo, quizás porque son las que a mi más me gustan o quizás porque son con las que más puedo identificarme.
Mi personalidad cósmica ha estado ahí siempre, en algún rinconcito de mi cerebro, y apenas he pensado sobre ello a lo largo de mi vida y así han ido transcurriendo los años, sin prestar apenas atención a las geometrias brillantes de la bóveda. Sin embargo, hace un par de años descubrí un hecho que me hizo sonreír y que me demuestra que los libras primerizos como yo somos los más robustos y puros de todos los que pueden presumir de este signo por haber venido a este extraño lugar durante el arranque del precioso otoño.
Me refiero a que si lo que nos define es el equilibrio, resulta que el día de mi cumpleaños es uno de los dos en que el reloj cósmico divide exactamente en dos partes iguales el día y la noche, acaparando cada uno de ellos doce horas de las veinticuatro totales, el equilibrio perfecto.