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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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A ver qué les cuenta

Lleva ya años viendo al mismo tipo de individuos, pero hasta ahora no había sido consciente de ello, quizás porque hasta ahora no se había cruzado con ninguno de ellos. Pero cómo quiera que eso ha cambiado, decide Lipo simplemente opinar sobre la plaga. 

Suelen ser cincuentones, aunque puede haber también algún cuarentón avanzado. Supone Lipo que son hombres a los que en un momento determinado se les ha empezado a caer el pelo y supone Lipo que, ante el shock que tal hecho les ha podido causar, decidieron afeitarse la cabeza en vez de implantarse pelo, opción de los presumidos. Y piensa Lipo, que esta decisión del afeitado, en sí misma, ya define un enfoque de los problemas un tanto radical y también simplón, a la vez que una querencia hacia las adivinanzas. 

En consecuencia, estamos hablando de cincuentones con la cabeza rapada y a los que el cráneo les brilla de tal forma que en él pueden llegar a reflejarse nubes o las cornisas de los edificios. Por lo tanto, razona Lipo, se deben de aplicar en sus cráneos cremas u otro tipo de productos suministrados por empresas de cosmética que se han especializado en este mercado de los totalmente calvos. 

Estos individuos, por lo que ha notado Lipo, suelen querer aparentar eficiencia y supone Lipo que puede que algunos realmente sean eficientes. Para él, básicamente son parlanchines liantes, él los llama bailarines.  

Suelen ir al gimnasio y se mantienen en forma, por lo que tienen buenos cuerpos, necesarios si lo que intentas vender es predisposición vital. No suelen tener un gran bagaje intelectual,  tampoco su formación es elevada. Proceden de segundos niveles, algunos de terceros incluso. Leen libros de autoayuda, extractos de los grandes temas de actualidad, están a la última en tendencias y en lo que se lleva, más aún en su área de actividad profesional y aprenden un conjunto de aseveraciones y discursos manidos y huecos, que pueden encajar en cualquier entorno sin meter la pata. Todo ello les permite aspirar a puestos que normalmente les quedan grandes y acercarse así a lo que más valoran: el dinero, mediante el expolio.

El calvo radical de Lipo está sentado en la cafetería de un hotel cerca del aeropuerto. Él y LWG han quedado con él para hablar de negocios. Lipo ya sabe que está entrando en la cueva de un pulpo engañoso, pero no le queda más remedio que ir e intentará que ni las ventosas se adhieran a su cuerpo ni que uno de los brazos viscosos se enrollen en su cuello. Allí está el hombre, con sus auriculares puestos, pues habla con alguien (estos tipos suelen hablar mucho, muchísimo). Los ve, se encuentran las miradas y procede a despedirse de quien sea para poder atenderles. El hombre calvo radical es educado, se levanta, se saludan efusivamente, es cariñoso, es un encanto. Sonriente, sonrosado, con esa carita de ojos redondos negros y ese hociquito de gorrino. A ver qué les cuenta. 
 

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