Historias de todos los días
20 Julio 2025
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Y cada loco con su rollo. Si, de verdad, este mundo es tan simple como para que dediquemos el tiempo a buscar las formas para pasar por él lo más cómodamente posible y a ser posible poseyendo el mayor número de bienes de todo tipo y para ello engañemos embauquemos, mintamos, robemos, tomemos el pelo, o nos aprovechemos de los demás sin el menor remordimiento, pues que simpleza y mierda de mundo, piensa Lipo.
Lipo se ha metido en su casa, como hace casi siempre. La entrada principal a su vivienda está a un nivel superior al del espacio en el que habita la mayor parte del tiempo en su hogar. Por lo tanto, a Lipo le encanta pensar, no sólo que se mete en casa, sino que entra y además desciende hasta su cueva.
Lipo no ve mucha televisión, pero cuando pilla una producción que le resulta atractiva, se pega un atracón. Es lo que le ha pasado este fin de semana. Se ha visto una serie enterita. No es que fuera especialmente atractiva (la serie), aunque sí entretenida y con un guion ágil y bien filmado. Pero lo que le ha fascinado realmente, es la caterva de actores invitados que han ido desfilando en los capítulos.
No cabe duda de que si hay algo que nos acompaña durante nuestra vida, piensa Lipo, es ese conjunto de actores y actrices que crecen contigo y que conoces desde prácticamente su adolescencia y con los que has ido reencontrándote en distintas pantallas de cine, o en casa, a lo largo de los años en toda esa catarata de producciones cinematográficas que han conformado su vida profesional y que son parte de tu ocio y de tu cultura.
No se refiere Lipo a ese conjunto de actores y actrices clásicos, no, se refiere a los contemporáneos a ti, a ese ejército de “starrings” y actores secundarios que, como tú, han crecido contigo dedicados a actuar para ti.
Pues bien, Lipo ha elegido una producción, una serie, rodada este mismo año y por la que han ido desfilando algunas de esas referencias cinematográficas de su vida. Y para él ha sido una experiencia fascinante poder observar el paso del tiempo en los actores que lleva viendo toda la vida. Adolescentes y jóvenes convertidos en viejos, con dificultades para moverse o en maduros avanzados y arrugados, gruesos o escuchimizados, a veces irreconocibles y a los que Lipo ha tenido que observar con detenimiento para concluir que sí, que es él o es ella, a lo que seguía la perplejidad.
Y en parte, Lipo ha sentido alivio al poder observar que no sólo él se ha ido deteriorando y deformando hasta ser algo apenas parecido a lo que fue o a lo que él recuerda que fue y que sabe que jamás volverá a ser. Un drama, piensa Lipo. Pero como también es sabio, entiende e intuye que comienza a aceptarlo y que es de estúpidos no pasar la página. Aun así, también ha evidenciado que, al igual que él se ha asombrado del rastro que los años han dejado en esos amigos de sus pantallas, se asombrarán también las personas de su alrededor del que han dejado en él. Y no es que sienta vergüenza o rabia, sí tristeza. Por eso Lipoo quiere irse, abrir su puerta y bajar a su cueva. Lipo sigue envidiando a los creyentes.