Historias de todos los días
24 Julio 2025
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Lipo solo. Lipo iba a acoger a su perra, Dana, durante el mes de agosto, pero parece que puede que no sea así. Lipo que antes de ayer, mientras iba en el coche, vio cómo la ventanilla del copiloto se bajaba y quedaba escondida en la portezuela sin poder levantarla de nuevo. Lipo que mete el coche en un garaje, pues no puede dejar el automóvil aparcado en la calle así, ¿o sí? Lipo que llama a un taller para llevar el coche al día siguiente. Lipo, al día siguiente, que lo lleva, que lo recoge, que ha de volver a llevarlo para que le cambien el motor de la ventanilla que ahora han levantado y anclado con unas pinzas de colgar la ropa de color rojo. Lipo que hoy ha de ir al dentista y que ha ido. Y que le han anestesiado parte de la boca. Lipo, que no recordaba tener tantos agujeros en su encía superior, pues hace ya más de treinta años que se los sellaron y habíase olvidado de ello. Lipo que sale del dentista y se le pasa por la cabeza ir a ver a su madre, pues su hermana también está con ella y las visitas a la eterna siempre son más llevaderas escuchando las quejas de su hermana sobre lo harta que está de acompañar a su progenitora. Lipo, que ha tenido por la mañana un día intenso de trajín laboral, va a ver a su minúscula familia, más por aquello de que cree que es lo que debe de hacer, que por apetencia, que es nula. Lipo, que mañana ha de llevar el otro coche a otro taller. Lipo, que cuando deje este segundo coche en el segundo taller ha de acercarse a actualizar su carnet de conducir, que le va a caducar pronto y cuya fecha de nacimiento es errónea, pues LIpo ha tenido hasta tres fechas diferentes de llegada al mundo a través de la madre, antes mencionada como eterna. Lipo, que dejó de fumar y de pronto está sintiendo unas ganas terribles de volver al vicio. Lipo, el calor, las golondrinas cagonas, el riego, las noches tropicales. Lipo con su cuerpo desgastado y lastrado por los años, arrastrado de un lado a otro, resolviendo problemitas para que la normalidad, esa línea continua, no se quiebre ni altere, pues lo que más anhela es eso, que esa línea permanente y rectilínea, siga así, pues cada incidente, grande o pequeño, que ocurre y la quiebra, crea en él ese malestar, esa urgencia por resolver y devolver a su tránsito la paz, el sosiego, el equilibrio.
Y en medio de todo esto, con L a más de 2.000 kilómetros, muy lejos, aparece su amiga Pica, que habiendo sobrepasado ya los 60, sigue pareciéndole una muñeca de porcelana de los años veinte, del siglo pasado. Pica, con esa especie de risa integrada en su dicción y que le lleva a rematar cada idea que expresa con una exclamación hiposa, sonoramente chistosa, como si representara un monólogo sobre un escenario. Pica actúa así, simplemente porque ha decidido que ha de aparentar que en esta vida nada es importante, que todo es una especie de vaivén caprichoso sobre el que ella navega, aceptando el destino y riéndose de él, como en una especie de juego de “la pillas” en el que ella es inalcanzable. Pica es una buena mujer, quiere a Lipo, pero a él le satura, o quizás sea sólo el momento en el que le “pilla”. Lipo, saturado socialmente, diciéndole a Pica que está encantado de vivir solo. Pica que le replica que a ella le da miedo, que quiere envejecer con alguien. Lipo que piensa en su marido, el de Pica, a quien conoce, un hombre tremendamente amanerado, con la mala leche de las mujeres mandonas y que, ahora que lo piensa, también trabajo con él. Y Lipo que mira a Pica y piensa, pues, ale, a casa. Se despiden. Lipo se va a su cueva, ya era hora.