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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Tomar conciencia

Y piensa Lipo que menuda suerte la de los creyentes. 

Y ha comenzado a pensar en esto desde hace unos meses y cada vez más insistentemente.  

Lipo no sabe muy bien la razón. A lo mejor nos hay que buscar ninguna y sólo sea una intuición o simplemente un olor. Pero puede que también sea porque lleva una temporada rodeado de sucesos/decesos o porque las etapas van sucediéndose e, inexorablemente, ese impensable momento, ya se intuye en la curvatura del horizonte. 

Y tanto piensa Lipo en este asunto que el resto de actividades han pasado, como en los teléfonos móviles, a ser meras aplicaciones que quedan perdidas y olvidadas en una de las pantallas por falta de uso y que se actualizan en segundo plano.  Y cree Lipo  que podría tirarse horas y horas escribiendo sobre este gigantesco enigma. Quizás el mayor de todos, razona Lipo, salvo que tuviera la clara convicción de: ser un miserable insecto sufriendo para conseguir envejecer sobreviviendo y luchando por mantener su especie en un planeta flotante en un universo del que ni siquiera se sabe sus dimensiones, si es que tiene. 

Y piensa Lipo que él, realmente, no ha visto nunca ese planeta flotar, ni su ubicación exacta en ese espacio negro y con respecto a otros de diversos tamaños que dicen que hay, ni si esa nada oscura parece tan infinita como se presume.  Y Lipo nos sabe nada del Big Bang,  ni de estrellas, ni tampoco de agujeros negros, ni sabe calcular fuerzas gravitacionales, ni las curvaturas de empuje que crean y que permitirán a un objeto dispararse a velocidades superiores a la de la luz a recorrer ¿el qué?  Lipo tampoco ha visto las llamaradas del Sol, ni teme a las radiaciones que dicen que emiten y que algunos argumentan como una posible razón para acabar con nosotros. 

Y piensa Lipo si se puede considerar como un hecho real y probado aquel del que no se tiene propia certeza y también conciencia. Porque Lipo sólo lo ve ahí, se refiere al Sol; pequeño y naranja cuando nace y colgado y gordo, tan rutinario, tan aburrido, tan pesado ahora en verano, durante el resto de la jornada, hasta que vuelve a enrojecer y empequeñecer cuando se esconde. Y también ve a la Luna, tan loca e imprevisible, oculta muchas noches y camuflada a plena luz del día, como lo estaba hoy. 

Pero Lipo si ve a los insectos y si antes le pasaban muy desapercibidos, salvo interacción directa, ahora le gusta observarlos. Y esta mañana, al amanecer, diminutas hormigas corrían nerviosas en la entrada de su casa. Y Lipo les ha dado los buenos días, también a la golondrina que va a por la segunda tanda de cuatrillizos. Y ha pensado Lipo si esas hormigas tendrán conciencia del más allá. Si cada una de ellas se sentirá tan única como nos sentimos los humanos a pesar de que a ojos de un gigante, debemos de tener un aspecto similar a ellas, quizás menos organziados. Y piensa Lipo, mientras trata de no pisarlas, si teorizarán sobre el después, sobre reencarnaciones o resurrecciones.  Después de todo, ¿nos son también seres vivos? Uff, mañana seguro ue seguirá pensando en esto. 
 

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