Historias de todos los días
23 Abril 2010
No es que me haya vuelto facha, es que llevo dos días paseando por Madrid, del despacho al notario y viceversa. No heredo, no me compro un piso ni lo vendo, simplemente los contratos con el estado son la hostia. Asi que con esto del estado, y la Patria y la Administración Pública española, ¡ea!, ¿qué mejor foto?
Madrid hoy estaba precioso. Grandes nubes de algodón, cielo limpio, una leve brisa, mucho ruido, pero se lo lleva el aire, o se escapa por una especie de gran agujero azul que hay sobre nuestras cabezas. Paso recio, piernas fuertes, andar firme,, así he paseado hoy, oyendo a la gente, grupos escolares adolescentes, jubilados, matrimonios mayores, ejecutivos palidos, ejecutivas entaconadas. Los miro, me siento lejos, me siento al margen de esta ciudad, pero a veces me siento tan parte de ella.
Tuve cena la otra noche. La recuerdo con dolor de cabeza, la recuerdo nocturna, con ojos cansados, con risas, eso sí. Pero se antoja tan lejana, tan extraña, me suscita rechazo, tiempo perdido o malgastado y eso que cene con alguien con quien me apetecía cenar, ¿raro no?
Dejo la Castellana y me meto por las callejuelas que van al despacho. Un despilfarro de color, de frescor alegre, de vitalidad. Sigo con paso enérgico, imparable, quien me vea creerá que voy ciego hacia algún lado, pero voy deleitándome con todo, observando, disfrutando, pensando en ti, en nos, en que me gustaría dar contigo este paseo. Esta tarde el coche al taller, pierde agua.