Hoy me he dado un estupendo paseo por la mañana. He cogido mi camino blanco y rectilíneo, pero he decidido hacer la vuelta por en medio de los campos de labranza, a buen ritmo. Mi dispositivo dice que ha sido un paseo enérgico, una media de diez minutos cada kilómetro. Para mi está bien, hacía tiempo que no conseguía esa marca. Me invitan a hacer caminatas, y con ese ritmo podría hacerlas, pero no se durante cuántas horas, de ahí que me de cierto miedo afrontarlas. Una vez marché con mi hijo a hacer senderismo a la montaña. Había nieve. Íbamos con un grupo de gente, gente Decathlon que tiene equiparaciones para todo tipo de actividades, distintas clases de cascos, zapatillas, ropa térmica, calcetines, chalecos, tajes de neopreno, luces, lámpara, lamparillas, gorros, gafas, manoplas, guantes…Luego, también van cargados de brújulas, aplicaciones, altímetros, medidores de pasos, todo ello sincronizado. Bueno, me fui cagando su sus madres todo el trayecto. Asumen sus excursiones como auténticos retos llevados hasta el agotamiento. Paso. Iba por mis campos tratando de pensar en algo concreto. Pero me es imposible, no lo consigo. Es curioso, puesto que cuando hago kilómetros en bicicleta, si consigo darle vueltas a una idea, pero andando, ignoro la razón, es tarea titánica. Trato de encontrar la raíz de una idea, y consigo atraparla, pero no desarrollarla, se me desvanece entre las manos de mi cerebro, quizás vaya demasiado pendiente del suelo, evitando las piedras, o quizás de mi respiración, intentando acompasarla, o quizás de los aviones en su maniobra de descenso hacia el aeropuerto, o quizás de las nubes y de sus extrañas formas, o quizás de si alguien viene detrás de mi, o quizás de alguien que viene de frente y sobre si nos saludaremos o no. EL caso es que, cuando ando, sólo consigo ir concentrado en el esfuerzo físico y en las cosas que ocurren a mi alrededor. Pero miento, si que he dado vueltas a una pregunta que me hago desde hace días ¿Por qué los padres se empeñan de disfrazar de payasos a sus hijos pequeños? Se acerca el jodido Carnaval, y los colegios, como han institucionalizado lo de los Carnavales como un hecho cultural, obligan a los críos a disfrazarse, y los padres, zas, van y los visten de putos payasos, con esos mofletes con un redondel rojo, el maquillaje excesivo, esas vestimentas estridentes de colores pálidos y tontos, que convierten a los niños en putos ñoños y a las niñas en muñecas de mal gusto. Lo único bueno que he leído sobre un payaso es “opiniones de un payaso”, de Heinrich Böll, si no habéis leído hacedlo. pero es curioso que use a un payaso para criticar a toda una sociedad puritana e hipócrita. En definitiva, hay cierta perversión en ello, y es que los payasos, anónimos, clones unos de otros, excéntricos, exagerados, amanerados, aniñados, son, en sí mismos, perversos. Por eso Stephen King eligió a un payaso para aglutinar las peores pesadillas de un grupo de personas en IT, o quizás por ello, Los Simpson hayan elegido también a un payaso para representar en él temores y miedos. Entonces, jodidos padres jóvenes, ¿por que disfrazáis a vuestro hijos de payasos? Para que os descubran vuestra falsa moral, para que os den terror y acabéis acuchillados por ellos en la mesa de la cocina, mientras se ríen, claro, o ¿Por qué es el disfraz recurrente, rápido y que no requiere imaginación? Reflexionad, payasos.