Historias de todos los días
20 Enero 2025
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Lipo le observa y le oye, pero no le escucha. Tiene ya muy aprendido y desarrollado esa metodología cuyo crisol es ese gesto que aparenta atención e interés por lo que alguien le cuenta. Gracias a ello, él puede estar pensando en otras cosas. En el mundo de las empresa y los negocios, todo es tan obvio que es muy difícil que te pillen, a fin de cuentas, y como decía anteriormente, el objetivo siempre es uno, ganar pasta.
No. Lipo, que ha mirado de reojo su reloj para comprobar cuanto tiempos llevan allí, está pensando en el futuro mientras escucha a aquel caballero risueño y clarividente. Imagina ese mundo regido por la inteligencia artificial que, a partir de ahora, va a exonerar del esfuerzo que requiere adquirir conocimiento a millones de personas.
El hombre sigue hablando, y resumiendo, les dice que lo que van a vender es un agente de inteligencia artificial. Vamos a ver, para explicarlo rápidamente, lo que el tipo cuenta es que cuando te contrate una empresa o si ya eres su empleado, suertudo de tí, la inteligencia artificial te va a acompañar en tu trayectoria dentro de la organización para hacerte la vida más agradable y convertirte en todo un ganador.
Lipo piensa en ello y lo ve al revés y cree que aquello que este tipo vende no va a darte nada, sino a quitarte. El hombre del traje claro, ya más distendidamente, habla de futuro, de un mundo más fácil, más productivo, de mayores beneficios. A la mierda los puestos de trabajo sin valor, dice el individuo, aunque no con estas palabras, para eso ya tendremos el asistente. Y Lipo piensa que aquello es como un guion de ciencia ficción; en la cantidad de gente mediocre que tiene puestos de trabajo mediocres y en qué sucedería con ellos, si desaparecen. Le plantea la pregunta al profeta. Y éste, que es como los consultores, es decir, sonríe constantemente y actúa como si ninguna pregunta le pudiera sorprender, responde como cualquier vendedor, con soluciones aparentemente sencillas y fáciles, así que dice: así se podrán formar para actualizar sus skills. Me cago en la puta, piensa Lipo que ahora le plantea al directivo que lo que propone es una profundara transformación del mercado laboral y de la productividad pero así, como muy ceñidlo a sociedades desarrolladas, blancas, heterosexuales, cristianas, ecológicas, limpias y smarts, y no sé que más historias, pero que hay que tener en cuenta, le sigue comentando Lipo, que el cambio no va por ahí, que el cambio va por las cada vez más profundas diferencias entre ricos y pobres y que este tipo de herramientas solo contribuyen a eso, a agrandarlas, y le recuerda las fuertes corrientes migratorias de personas desesperadas… El consultor de traje estrecho, de nuevo hace gala de su profunda capacidad para proporcionar soluciones y dice, sencillamente, que cuando hace falta eliminar a gente en estos países subdesarrollados, pues eso, que se organiza una guerra civil y así, que se maten entre ellos. Toma ya. Lipo tiene ganas de dejarlo todo y retirarse a cualquier otero.