Historias de todos los días
21 Enero 2025
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Lipo está cansado. Ha sido un día duro, de esos de lluvia, de tráfico denso, de mirar el reloj y la pantalla del gps del coche con sus cálculos, sus líneas rojas, amarillas y azules. Lipo, por el que van pasando los años y que no es capaz de desprenderse de esa rutina que, además, cada vez engorda más su número de tareas.
Lipo ha comido hoy con M y LWG, tocaba en la zona norte de la ciudad, y la odía, se le antoja incómoda, llena de coches apelotonados en plazitas, tunelitos de juguete, rotondas imposibles, grandes avenidas que no parecen llevar a ningún sitio . Suelen quedar una vez al trimestre, más o menos. Son comidas amenas y con un encanto especial, al menos para LIpo, porque el siente que cuando se juntan crean una especie de limbo, de burbuja del tiempo en el que se entremezclan el pasado y el presente.
Se miran, y en el fondo de los ojos de ellos tres reside ese chispazo que no es más que los recuerdos comunes de los años ya vividos. Y también le gusta de ese limbo la capacidad que tiene de mostrar lo rápido que pasa el tiempo. Lipo, ya mayor, sonríe, está asentado sobre su silla, siente su cuerpo estable y sin dolores, se siente satisfecho.
Después de la comida siempre acaban igual, exponiendo sus puntos de vista sobre un mundo que él cree tan difícil de explicar. Vuelve a sonreír y siente que le gustaría que esas sobremesas no tuvieran fin para que los tres, tratando de explicar su pasado, encontraran su presente.