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Las Razones del Diablo

Historias de todos los días

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Mago sin truco

El problema que tiene Lipo con el trabajo es que ya no tiene fuerzas para desarrollarlo. Se ha quedado sin energía. Supone que, como cualquier juguete, aquí venimos con las pilas incluidas y que con el paso del tiempo, como ocurre con los juguetes, esas  pilas se gastan. ¿Y qué hacemos entonces? Pues si no tenemos pilas nuevas para reemplazarlas, abrimos la  tapa del compartimento en el que se alojan las baterías, las removemos, las hacemos girar sobre sí mismas, y tras cerrar las tapa o a veces incluso sin llegar a hacerlo, le damos de nuevo a la pestaña del “on”, a ver por cuanto tiempo más sigue funcionando el artilugio. 

Bien, vale, el monito choca nervioso sus platillos mientras gira su cabeza de izquierda a derecha. Pero tras un par de giros y dos chasquidos del instrumento de hojalata, el conjunto vuelve a quedar quieto con ruidos de sordos de muelles y engarces.  Y el monito, inclinado hacia delante, queda inmóvil, con esa sonrisa estática moldeada en su hocico. 

Bueno, más o menos, esa es la solución que se aplica Lipo cada cierto tiempo.  Abre su abdomen y remueve sus putas pilas a ver si aún acumulan algo de materia primigenia en sus rincones, al menos la necesaria y mínima para que produzcan, con ese movimiento, un par de chispazos. Busca Lipo unos chispazos  lo suficientemente potentes para que su organismo, su cerebro, su sonrisa, sus miradas, sean capaces de seguir gestionando humanidad. 

Se trata de un trabajo reflejo, pues Lipo ya actúa por inercia. El mono ya ha perdido su lustre inicial, los colores de sus ropajes se han apagado  y sus platillos ya no suenan como lo hacían antes. Tampoco brilla su pelamen, muy por el contrario, ahora es apagado, se apelmaza en ciertas zonas y en otras lo cubre el polvo. 

Lipo no se explica qué ha pasado. Es, como si después de años viviendo asombrado  ante un espectáculo de magia, alguien hubiera levantado las faldas negras de la mesa sobre la que descansa la chistera y hubiera quedado al descubierto el truco. Os diré una cosa, dice Lipo, no os imaginéis que es esto. 

Lipo, Lipo, cuánto le cuesta. Piensa a veces que ya no debería estar dónde está Una contractura se ha incrustado en su espalda y lleva Lipo unos días evitando posturas para vivir. Lipo vive en un cuerpo que no reconoce, en un cuerpo al que le acaban de presentar y con el que intuye que va a tener una relación un poco tensa, pero sólo de momento, pues sabe el monito que acabará ganando el armazón, por muy deteriorado que esté, y ello estará cada vez más. 

Lipo, sentado en su sillón, con calor en su envés, logra girar el cuello y observa una mesa a su derecha. Sobre ella no hay chistera, sino suaves toallas para las termas, y también pergaminos e incunables y esencias aromáticas y recipientes de cristal soplados por viejos maestros y prendas hechas lejos para dar abrigo. Sonríe Lipo y razona que tiene suerte de conocer a un mago que no necesita trucos. 

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