Historias de todos los días
19 Febrero 2025
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Sentarse en el respaldo de un banco de madera en un parque y encender un pitillo mientras te dejas llevar por el canto de los pájaros u observas los brotes en las ramas de los árboles, o quizás esos puntitos negros que se mueven en el suelo caóticamente alineados. Subir la calle hasta la esquina, doblarla y sentir el aire que viene del norte y las gentes nuevas que con bajan con él. A lo mejor, sentarse y más que respirar, suspirar con el rostro iluminado por el resplandor del salpicadero de un coche, en las noche, en la calma, con un leve ruido de la vida fuera de habitáculo. O quizás la cafetería de grandes cristaleras, la que hace esquinazo, por la mañana, con ese olor del desayuno y esas primera conversaciones aún adormecidas. Piensas Lipo en esos espacios de tiempo, que a veces son sólo unos momentos, pero tan calmos, tan quietos. Tiempos capaces de detener a todos los demás, miradas hacia dentro, lástimas a la que descubres sus razones, evidencias que ya no niegas, esperanzas cada vez con más cantidades de dudas. Que momentos mágicos, necesarios, que descansos, que cobijos rutinarios en esas etapas jodidas por las que todos transitamos, refugios que te hacen olvidar durante unos minutos dorados.