Historias de todos los días
10 Febrero 2025
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Lipo se ha mirado en el espejo esta mañana. Aunque penséis que es un hombre coqueto, yo, que le conozco bien, os digo que no lo es. Como a todo el mundo, a Lipo le gusta agradar, pero por encima de eso lo que le gusta es gustarse y encontrarse a gusto consigo mismo, y si una mañana se ve así ya os digo yo que le da igual lo que piensen los demás del aspecto o los ropajes que así le hacen sentir. Eso le ocurre cuando en los días fríos coloca sobre sus hombros ese capote rojo, pesado y largo como un día de verano y que acaba, por lo tanto, con sus bajos húmedos y cargados de barro y a veces hasta de críos que se lanzan sobre él jugando a ser arrastrados.
Hoy Lipo se ha mirado en el espejo y recuerda quien fue aquel que ahora ve reflejado. Y recuerda hechos y situaciones de cuando su cara era otra, tan otra que le cuesta creer que aquello le ocurriera a ese hombre que ahora le mira. Y lleva un tiempo cuestionándose cómo acabaron ciertos asuntos, tan lejanos ya en el tiempo que no recuerda cuál fue su fin. Pero eso es para otro día.
Hoy Lipo se ha mirado en espejo y se ha dado cuenta de que van tomando forma, cada vez de manera más definitiva, un par de arrugas perpendiculares a las horizontales de su frente que, naciendo de la más alta de estas últimas, se extienden paralelas, como sendos cañones vistos desde el espacio exterior hacia el interior de su craneo. Son una par de arrugas peinadas hacía atrás como dos ligeros cabellos rubios . Y Lipo ha comenzado a intimar con ellas, a comprenderlas, pues sabe que las va a observar el resto de su vida y que los demás también las descubrirán y valorarán como una nueva condecoración por los años de servicio. En todo caso, opina Lipo, que es un privilegio aceptar en su cuerpo nuevas marcas que la vida, siempre caprichosa, te grava, en silencio, a fuego.